Amenazados por parapoliciales en Brasil
Marcelo Ribeiro Freixo, de 42 años, es diputado del estado de Río de Janeiro desde febrero de 2007. En 2008 presidió una comisión parlamentaria que investigó las actividades de las milicias en las favelas de Río y elaboró un informe que contiene 58 recomendaciones, aún sin aplicar.
Vinicius George, de 44 años, es comisario de policía, fue responsable de la lucha contra el robo y el secuestro en el estado y es consejero del diputado.
Amenazados de muerte por las milicias, participan en una gira organizada por la organización defensora de los derechos humanos, Amnistía Internacional que los llevó a Alemania, Holanda, Bélgica, Francia y concluirán en España e Italia. Se reunieron con autoridades gubernamentales y constataron que «hay un desconocimiento profundo» sobre esos grupos que aparecieron en el año 2000.
Las milicias son «un verdadero fenómeno mafioso» formado por policías, bomberos, carceleros, guardias de seguridad y civiles, explicó George.
«Dominan aproximadamente 200 territorios -en el estado y la capital- y a través de ese control, armado, también controlan actividades económicas» como el transporte alternativo del que dependen los barrios periféricos.
Pero también controlan la distribución de gas, de la TV por cable y de la tasa de seguridad que exigen a los comerciantes.
Para obtener «cierta credibilidad» ante la población, aparecen con un «discurso moralista, relacionado con la idea de orden y con la imagen de justicieros, muy lejos de la realidad», indicó.
También controlan los centros sociales de favelas y barrios periféricos, lo que les permite «jugar un papel asistencialista», favorable en una ciudad donde un tercio de sus nueve millones de habitantes vive en la pobreza, agrega Freixo.
Y aunque su actividad no está vinculada directamente con el narcotráfico, la investigación parlamentaria demostró que «en el 65% de las áreas que controlan las milicias, antes de su llegada no había tráfico de drogas».
A modo de ejemplo, tan solo en Río das Pedras, uno de los territorios en poder de una sola milicia, el control del transporte alternativo le reporta 60.000 euros diarios.
«Esto da una amplitud del fenómeno», subraya Freixo aunque aclara que los mayores beneficios los obtiene la milicia más poderosa que es la de Campo Grande, que recauda entre 1,5 y 2 millones de euros mensuales.
Ahora bien, ¿para qué sirve ese dinero?
«Más que un problema de la policía, las milicias son un problema político», insiste Vinicius George para quien «las milicias no son un fenómeno espontáneo, sino que son consecuencia de una política de seguridad de todos estos años».
En 2006, en su apogeo, las milicias, que financiaban campañas políticas, tenían un diputado del Estado y tres concejales en Río, lo que demuestra su vínculo con los partidos políticos. Aunque ya no están en el poder, ante la perspectiva de las elecciones en 2010 «las milicias se reorganizan para conquistar el espacio perdido», advirtió Freixo.
Aseguran que el gobierno federal «conoce bien» el problema y está dispuesto a combatirlo, pero dicen que en Brasil «salir del discurso es un proceso muy lento» y hay «demasiada burocracia».
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