MONDO CANE

Pablo Silva, un inventor argentino, busca mostrarle al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, un spray que permite a los jueces marcar con un círculo blanco el lugar desde donde los jugadores deberán realizar los tiros libres, dijo el emprendedor a la AFP. Creado hace ocho años, el producto lleva el nombre de 9.15, la distancia en metros entre el punto de un tiro libre y la barrera del equipo contrario. Silva espera poder mostrar el producto a Blatter, titular de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), durante la jornada de reuniones del Comité Ejecutivo de la entidad que se desarrolla en Brasil. Según Silva, el argentino Julio Grondona, presidente de la Federación Argentina (AFA) y vicepresidente de la FIFA, le presentó el lunes a su par de España y titular de la Comisión de Arbitraje de la FIFA, Angel María Villar, quien le habría prometido ensayar el producto en partidos de torneos regionales españoles. «Hace seis años que es utilizado en Brasil» en partidos profesionales, recordó, y también en Argentina y Chile, aseguró Silva, quien sostuvo que la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) aceptó probar el spray durante la Copa Sudamericana de clubes. El spray contiene una sustancia líquida similar a la espuma y desaparece dos minutos después de ser utilizado, por lo cual no marca el terreno de juego, «es ecológico y no arruina el césped ni es peligroso para los jugadores», indicó. Silva espera convencer a la FIFA de homologar su producto antes del Mundial de 2014, que organizará Brasil.

El canadiense Guy Laliberté, un ex tragafuegos que hizo fortuna tras fundar el Cirque du Soleil, y dos astronautas, un ruso y un estadounidense, despegaron ayer de las estepas de Kazajastán hacia la Estación Espacial Internacional (ISS) a bordo de un cohete ruso Soyuz. El antiguo tragafuegos, que pagó 35 millones de dólares para cumplir un sueño de infancia con motivo de su 50 cumpleaños, podría ser el último turista del espacio, al menos por varios meses. La nave espacial despegó, como estaba previsto, a las 13.14 locales del centro espacial ruso situado en la desértica estepa de Kazajastán, a unos 200 km al este del mar de Aral. Diez minutos después, ya estaba en órbita. Guy Laliberté es el séptimo turista espacial. Está acompañado por los astronautas ruso Maxim Suraiev, ingeniero de bordo, y el estadounidense Jeffrey Williams, comandante de la nave. Al subir a la nave, los tres hombres entonaron la canción «Oh Mammy blue, Mammy blue». Poco después del despegue, aparecieron en directo en la televisión rusa, apretados en la cabina, con un plan de vuelo en la mano, conversando con los controladores en tierra. «Les deseo buena suerte y les agradezco por su buena preparación», declaró el director de la Agencia espacial rusa Roskosmos, Anatoli Perminov, desde el centro de control de Baikonur. El buen humor parece que imperará también en el espacio. Guy Laliberté prometió «hacer uso del humor, incluso en las cosas serias». El martes, Laliberté contó, con su mirada traviesa, que había hecho «cosquillas» a sus compañeros de viaje durante el entrenamiento y prometió volver a hacerlo en el espacio cuando estén dormidos. El fundador del Cirque du Soleil y sus dos compañeros de viaje habían posado en una sesión fotográfica con narices de payaso. Laliberté se ha llevado nueve al espacio, una para cada uno de los cosmonautas del ISS.

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