OPINION INTERNACIONAL

FASCISMO PURO

Esperamos conocer los resultados de la manifestación de ayer a escala nacional, convocada por el propio Zelaya desde la embajada de Brasil, a los tres meses del golpe de Estado. El presidente reiteró su llamado al diálogo con todas las fuerzas del país, que se inició con varios candidatos presidenciales (como Elvin Santos y Porfirio Lobo Sosa) y un eclesiástico, y luego quedó estancado. Más aún, la dictadura parece dispuesta a cortar todos los puentes de mediación. Detuvo y expulsó del país a una avanzada de la misión de la OEA, integrada por representantes de Colombia, EEUU y España, y resolvió no recibir a los embajadores de España, Argentina, México y Venezuela. Incurrió demás en una verdadera provocación contra Brasil, dándole un ultimátum para definir el status del presidente Zelaya y amenazando con invadir la sede diplomática, a lo que el presidente Lula respondió, incluso en medio de la Cumbre de Isla Margarita que le manifestó plena solidaridad por resolución expresa, que Brasil rechaza cualquier ultimátum de los usurpadores del poder y sólo reconoce al presidente Zelaya.

El decreto de estado de sitio y supresión de todas las garantías constitucionales, es fascismo en estado puro. Ya señalamos ayer en una nota de último momento sus características de represión a ultranza, al tiempo que otorga potestades irrestrictas al mandante de turno y a las fuerzas armadas, como denunció el presidente Zelaya. El decreto suspende la libertad personal, elimina la libre emisión del pensamiento, autoriza a clausurar cualquier medio de difusión, liquida la libertad de asociación, de reunión y de circulación, autoriza a militares y policías a detener cualquier ciudadano sin orden judicial. El Consejo Permanente de la OEA, reunido ayer, condenó vivamente el estado de excepción. Este decreto debería ser aprobado por el Congreso (y Zelaya llamó a los congresistas que responden al Partido Liberal y al Partido Nacional, con cuyos candidatos se entrevistó, a no votarlo), pero lo grave es que se empezó a aplicar a machamartillo en forma inmediata. Los primeros resultados fueron la clausura manu militari de los únicos órganos de expresión opuestos al golpe y que informaban de la lucha popular, Radio Globo y Cholusat Sur, Canal 36. Ayer de mañana recibíamos la noticia de que a las 5:20 los militares rodearon Radio Globo, rompieron los candados y a las 5:30 se suspendió la transmisión. Estaba presente en la radio su director, licenciado David Romero, que había trasmitido un reportaje en directo a Zelaya desde la embajada brasileña. A las 11:48 un llamado urgente alertaba que la Radio estaba siendo asaltada. El Canal 36 también fue sacado del aire.

El mismo domingo, cuando se daba cuenta del decreto liberticida, se realizaba el funeral de la universitaria Wendy Elizabeth Ávila, víctima de los gases tóxicos lanzadas por las tropas contra la embajada brasileña y sus inmediaciones, del mismo modo que los han hecho víctimas del «cañón sonoro» y de los cortes de electricidad. La estudiante fue velada en el sindicato de la bebida Stibys, uno de los grandes centros de la resistencia.

En su conferencia de prensa del domingo Zelaya dijo que la dictadura reconoce apenas una decena de muertos desde el 28 de junio, pero que la cifra real alcanza un centenar, en su mayor parte en el ataque a las manifestaciones populares y durante la vigencia del toque de queda. Ayer se conoció un informe circunstanciado de la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Honduras (COFADEH), que en forma documentada eleva el número de los muertos a 101, los que se agregan a cientos de detenidos, torturados, golpeados y gaseados. El informe del prestigioso organismo, en pie de lucha desde el día mismo del golpe de Estado, y que se titula: «Noches de terror en Honduras» es estremecedor. Empieza diciendo: «La dictadura ha convertido a Honduras en una inmensa cárcel donde las noches son aprovechadas por jaurías de policías y militares que allanan, torturan y saquean». Los ejemplos de las vesanías ocupan varias páginas.

Esto es lo que hay que parar. Porque es el retorno a un pasado tenebroso en América Latina, y un desafío a la conciencia del mundo entero.

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