HONDURAS BAJO ESTADO DE SITIO
La comunidad internacional saludó la acción de Zelaya y reclamó a los golpistas respeto por su vida y la de sus seguidores. Su tercer intento de ingresar al país fue al fin coronado por el éxito. En el primer caso, los golpistas colocaron vehículos en el aeropuerto de Toncontín, impidiendo aterrizar a la nave que lo conducía. En el segundo, se le impidió ingresar por tierra desde la frontera con Nicaragua. Ahora, el régimen de facto ha cerrado los cuatro aeropuertos del país para impedir el ingreso del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, acompañado por varios cancilleres americanos, para realizar gestiones que conduzcan a la normalización institucional de Honduras, con el reintegro de Zelaya a la Presidencia.
Esto es lo que resolvió el organismo interamericano en sesión el lunes de su Consejo Permanente en Washington, tras apoyar por unanimidad «la acción de valentía» que implicó el regreso de Zelaya, reclamar al gobierno de facto seguridad por su vida y la quienes bregan en las calles por la normalización democrática y reafirmar el Acuerdo de San José, propuesto por el presidente de Costa Rica Oscar Arias, como la mejor vía para el retorno de la constitucionalidad. Este último punto (que no contó con el apoyo de Venezuela ni de Nicaragua) fue reafirmado ayer en el curso de una entrevista entre Hillary Clinton y Oscar Arias en Nueva York. El presidente de Costa Rica dijo que la llegada de Zelaya crea las mejores condiciones para suscribir el Pacto de San José, mientras la secretaria de Estado expresó el deseo de que ambas partes actúen de manera pacífica.
El canciller brasileño Celso Amorim reclamó a los golpistas pleno respeto a la vida de Zelaya y a respetar a la vez la embajada de su país.
El presidente Lula reiteró que en América Latina no se pueden tolerar ya más los golpes de Estado, y que Brasil se pronuncia por un retorno pacífico a la institucionalidad democrática en Honduras, posición que también ha sostenido Estados Unidos. El presidente Lugo de Paraguay llamó por su parte a respetar la vida de Zelaya y apoyó las gestiones de la OEA por la firma del Pacto de San José. El presidente del Parlasur, el diputado uruguayo Juan José Domínguez, recordó ayer también que el organismo se había pronunciado por el retorno de Zelaya y la vuelta a la democracia en Honduras.
Zelaya subrayó en sus primeras declaraciones públicas, desde la embajada de Brasil en Tegucigalpa, su voluntad de un retorno pacífico a la institucionalidad mediante el diálogo. Dijo: «Vine pacíficamente y desarmado, y hemos sido recibidos a balazos. Los he invitado al diálogo, y nos contestan con armas, tirando gases a la embajada para dispersar al pueblo, hiriendo con disparos al pueblo». La represión comenzó a las 5:30 de la mañana del martes, cuando estaba en vigencia el toque de queda. Un llamado urgente a primera hora de la mañana de ayer decía: «Ha sido desalojada la resistencia de los alrededores de la Embajada de Brasil con bombas lacrimógenas, gas pimienta, balas de goma y chorros de agua colorante, sonidos estridentes, ráfagas de ametralladora y toletes reforzados con acero». Los gases eran lanzados por las tropas y desde el aire. Helicópteros sobrevolaban a los manifestantes toda la tarde del lunes, mientras en tierra actuaba el destacamento Cobra con sus elementos pintarrajeados, como en la guerra. La represión también se ejerció contra los medios de difusión que no hacen causa común con los golpistas. Se interrumpió el flujo de energía eléctrica a Radio Globo y se sacó del aire al Canal 36, Cholosatsur, cuyo director había entrevistado en directo a Zelaya. Se practicaron detenciones a montones, y los retenidos quedaron retenidos en el Estadio Chochi Sosa, emulando las acciones del golpe pinochetista. Los medios independientes reportaron que la represión había provocado tres muertes, extremo que no fue confirmado.
Pero el jefe del ejército, el general Romeo Vázquez Velásquez, dice que están cumpliendo con su deber en forma proporcionada, y el usurpador Micheletti alega, con rostro de piedra, que nada cambió con la llegada del señor Zelaya, que debe entregarse a la justicia y ésta debe mandarlo a la cárcel.
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