"Zapatomanía"

Ciudad de México, ANSA

 

Un ambiente de «zapatomanía» desató en México la marcha de 3.000 kilómetros realizada durante 16 días por 24 dirigentes rebeldes desde sus santuarios en el sureño estado de Chiapas hasta la capital, a donde arribaron el domingo.

Los pasamontañas que usan los dirigentes zapatistas para cubrirse el rostro se han vuelto una prenda muy solicitada y los fabricantes de este producto se han visto apurados para poder abastecer la demanda.

Inclusive se comienza a popularizar el uso de la pipa como la que utiliza el subcomandante Marcos, el dirigente más notorio del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Además, hay toda una parafernalia de «objetos de culto» sobre los zapatistas que se comercializan en todos los actos a los que asisten los dirigentes de la insurgencia alzada en armas el 1 de enero de 1994.

Están las «muñequitas chamulas», que representan indígenas con el rostro cubierto por pasamontañas, así como «stickers» donde se observan los ojos del portavoz rebelde y se lee la frase: «Marcos somos todos».

Hay camisetas con el rostro de Marcos, del Che Guevara o del paladín revolucionario Emiliano Zapata, con leyendas como «Más vale morir de pie que vivir de rodillas» o «Marcos, el Zapatour», donde se describe todo el recorrido de los dirigentes rebeldes a lo largo de 12 estados.

Además del respeto que ya se le tenía como dirigente y como escritor de textos literarios que a veces van más allá de la propaganda política, Marcos ha recibido un trato de «rock star».

A su paso por 12 estados del país, el portavoz y estratega zapatista ha sido aclamado por multitudes y sobre todo por mujeres, no siempre simpatizantes de su causa, que suelen llevar pancartas donde se leen frases como «Marcos, te amo», «Marcos quiero todo contigo» y «Marcos, deseo tener un hijo tuyo».

Un chiste muy difundido señala que muchas mujeres desean inscribirse en la lista de la «visita conyugal» en caso de que Marcos sea encarcelado.

Sin embargo, no falta quien critique la utilización de Marcos como «moda, espectáculo y show», mientras «los indígenas siguen ahí marginados, sobrexplotados, olvidados», como escribió el periodista Jairo Calixto, en las páginas del diario local «Milenio».

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