OPINION INTERNACIONAL

3 ELECCIONES REGIONALES ALEMANAS

Estos resultados cobran trascendencia en vísperas de las elecciones legislativas en Alemania del próximo 27 de setiembre y de la configuración que pueda surgir de las mismas para el nuevo gobierno, que ahora está en manos de la «gran coalición» de democristianos de la CDU y socialdemócratas del SPD. La tendencia es que estos dos grandes partidos han ido perdiendo votos en beneficio de los partidos menores: los liberales del FDP, los Verdes y la izquierda de Die Linke, en un sistema de cinco partidos con representación en el Bundestag. La CDU cayó en Turingia de 43,0% de los votos en 2004 a 31,2% ahora, y en el Sarre de 47,5% a 34,5%, pérdidas consideradas «dramáticas». En las regiones citadas, en lo inmediato se abre la posibilidad de un relevo en el poder a favor de una alianza entre los socialdemócratas y La Izquierda, tanto en Turingia como en el Sarre, en este caso contando con los Verdes. Téngase presente que en Turingia, La Izquierda pasó de 26,1% en 2004 a 27,4% ahora y es el segundo partido, superando ampliamente al SPD y sólo aventajado por la CDU que tiene 31,2%; y que en el Sarre tuvo en el mismo período un salto espectacular, del 2,3% al 21,3%. Ello se debe en particular a la influencia de Oskar Lafontaine, con mucho arraigo en esa región, el cual renunció en 1999 a la presidencia del partido socialdemócrata y a su cargo de ministro de Finanzas del primer gobierno de Gerhard Schröder, escribió un notable libro titulado «El corazón late a la izquierda» y, fiel a sus convicciones, participó en todo el proceso de integración de la fuerza unida de la izquierda, integrando su dirección y su representación parlamentaria.

Dice un analista: «Formar parte de un gobierno en la zona oeste de Alemania, como el Sarre (en la frontera con Francia) sería in hito para La Izquierda, hasta ahora proscrita en las coaliciones en esa mitad del país por aglutinar en sus filas a los pos comunistas, herederos del régimen germano-oriental de la RDA. Para el SPD es una tentación, puesto que le permitiría arrebatar ese estado a la CDU en la recta final hacia las elecciones generales, en momentos en que su candidato Frank-Walter Steinmeier (actual ministro de Exteriores) está en los sondeos entre 14% y 15% por debajo de Merkel en la carrera por la cancillería. Steinmeier ha descartado la posibilidad de una alianza con La Izquierda a escala federal, por las diferencias insalvables con esa formación en materia de política internacional, pero ha dejado carta blanca a sus líderes regionales para negociar una coalición en los respectivos länder».

Estas posibilidades están abiertas desde que la CDU perdió sus mayorías absolutas en el Sarre y Turingia, mientras en Sajonia aspira a seguir gobernando con apoyo de los liberales del FPD; y que la socialdemocracia sólo ha logrado ganar votos en Turingia, mientras en el Sarre ha vuelto a perder porcentajes y en Sajonia se mantiene.

Dos pantallazos sobre la situación actual en Alemania, considerada ­nos dice Osvaldo Bayer-como un diamante del sistema, uno de los países mejor organizados del capitalismo europeo. La revista Stern publica un estudio según el cual «dos tercios de la población alemana no posee casi nada, mientras el 10% de la población es dueña del 60% de la riqueza» y detalla que el clásico lugar de trabajo va siendo reemplazado por trabajadores por hora, trabajo por contrato o con horario limitado, sin salario básico, y acompañado por el desmantelamiento paso a paso del derecho a indemnización por despido. En el primer cuatrimestre del año, 125 empresas cerraron en la región renana, y ahora están cerrando diez empresas por semana. La frutilla sobre el pastel: Angel Merkel le organizó una fiesta de cumpleaños a Josef Ackermann, presidente del Deutsche Bank, el ejecutivo que ha ganado más dinero hasta ahora en su cargo, más de 12 millones de euros por año (en momentos en que el FMI discute las primas a los banqueros). La primera ministro le dijo que podía invitar a la fiesta a 30 de sus amigos. Todos los gastos corrieron por cuenta del Estado. Alguien comentó que esto «no le debe haber caído muy bien a un desocupado de Opel y deja en la boca un gusto amargo».

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