MONDO CANE
La noche ha caído, la luz de la luna baña a ángeles, serafines y vírgenes de mármol sobre mausoleos y tumbas que datan de más de 100 años y que ahora son parte del atractivo del Cementerio Los Ilustres de San Salvador, en el marco del incipiente ‘necroturismo’ en El Salvador. Ubicado en el corazón de la capital, al costado sur del Mercado Central, es uno de los cementerios más grandes del país, con 35 hectáreas donde están los restos de miembros de familias adineradas, políticos, escritores, generales y ex presidentes, pero también personas comunes. Custodiados por agentes de la división de Turismo de la Policía Nacional Civil, unos 350 turistas salvadoreños y extranjeros llegan a cada visita nocturna al cementerio, muchos seducidos por pisar un lugar de muerte en la oscuridad y, tal vez, ver una aparición fantasmal. «La gente ha tomado un interés inmenso, el necroturismo va despertando con fuerza, muchos son atraídos porque piensan que pueden ver apariciones sobrenaturales, pero también todos quieren apreciar la rica belleza de la escultórica mortuoria que hay en el cementerio, acá hay verdaderas joyas», dijo a la AFP el historiador Carlos Cañas, uno de los guías de la visita, que es gratuita. El jefe de la división de Turismo de la Policía, el subcomisionado Vladimir Cáceres, fue el creador y principal impulsor del ‘necroturismo’ como una forma efectiva de «acercamiento con la población». La actividad se efectúa una vez al mes desde hace casi un año en el Cementerio Los Ilustres, inaugurado el 27 de agosto de 1849. Apenas iniciado el recorrido, que dura tres horas, esculturas en mármol blanco aparecen ante los ojos de los turistas que las fotografían sin descanso: son figuras de ángeles, vírgenes y serafines adornadas con ricos detalles de guirnaldas que datan de hace más de un siglo. «Esta es la tumba número uno del cementerio, es la primera que se edificó», narra Cañas mientras alumbra un mausoleo con una linterna de gas que sostiene una policía: es el sepulcro del prócer de la unión centroamericana en el siglo XIX, el general Francisco Morazán, fusilado el 15 de setiembre de 1842 en San José, Costa Rica.
El embajador boliviano en Lima, Franz Solano, señaló que más allá del origen del Ekeko, un diosecillo andino de la abundancia, lo importante es que, en la actualidad, está presente en Bolivia y en Perú. La Alcaldía de La Paz, en manos del partido oficialista Movimiento Sin Miedo (MSM), aliado del presidente boliviano, Evo Morales, reclamó hace unos días el origen del Ekeko y refutó la versión de que este diosecillo sea binacional y oriundo del Perú. «Lo importante es que el Ekeko está presente en los dos países (Bolivia y Perú). Lo importante es que estamos profundamente enraizados con la cultura que han puesto en práctica nuestros antepasados», dijo Solano a la prensa. El diplomático explicó que «la deidad pertenece a la cultura Tiwanacota y en el presente el Tiahuanaco se encuentra en Bolivia como que también nosotros hemos pertenecido a la cultura incaica y Machu Picchu está en Perú». Un grupo de chamanes peruanos visitó al embajador Solano en la sede de la diplomacia boliviana en Lima para entregarle un Ekeko y «hacerle una limpieza para que tenga buena suerte» en Perú. Autoridades de La Paz informaron de que para garantizar que el «dios de la abundancia y la fortuna» sea reconocido como patrimonio boliviano se «postulará su celebración como Testimonio Cultural de la Humanidad ante la Unesco». El reclamo boliviano sobre el Ekeko -una figura masculina enana, rechoncha y bigotudo y que según la tradición altiplánica atrae la fortuna- se dio después de que el gobierno boliviano protestara por la decisión de Miss Perú de vestir un traje de ‘La Diablada’ en el concurso de Miss Universo. Según el gobierno boliviano, ‘La Diablada’ es patrimonio cultural de ese país, por lo que ha emprendido una agresiva campaña para defender su origen.
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