Marcos "tomará" hoy el zócalo de Ciudad de México
Ciudad de México, ANSA
Munido con el bastón de mando y el libro sagrado de los pueblos mayas, el enigmático Marcos y los 23 comandantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ocuparán de manera pacífica la plaza céntrica mexicana, escenario de trascendentes hechos políticos.
Los rebeldes representan a las comunidades indígenas Tzetzales, Tzotziles, Choles y Tojolabales, que en enero de 1994 iniciaron una rebelión que desafió al gobierno central con demandas de justicia social, democracia y libertad.
La delegación zapatista está apoyada por los líderes de 40 de las 62 etnias indígenas que representan a entre 10 y 12 millones de aborígenes que sobreviven en condiciones de pobreza en el país, y es avalada por el Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), brazo político del EZLN.
Los comandantes Abraham, Alejandro, Eduardo, Filemón, Gustavo, Ismael, Maxo, Moisés, Omar, Sergio, Zebedeo, David, Isaías, Javier, Abel, Bulmaro, Daniel, Mister y Tacho, así como las comandantas Esther, Fidelia, Susana y Yolanda, llegarán a la Ciudad de México para intentar dialogar con los parlamentarios.
«A él (al Congreso) le toca hacer leyes, y esta ley (la indígena) significa un gran avance para los pueblos indios y para todo el país», dijeron los líderes indios que reclaman principalmente trabajo, tierra, salud y justicia.
Como corolario de la exitosa marcha, el presidente Vicente Fox invitó a Marcos a conversar en la residencia de Los Pinos sobre el conflicto armado y la marginación de los indígenas en el país.
«Marcos está invitado a venir a Los Pinos (residencia presidencial, ndr.) el día que quiera», dijo Fox el viernes en una reunión con la prensa extranjera.
El mandatario mexicano, que asumió el primero de diciembre pasado, consideró además que la marcha zapatista «está encontrando un espacio de confianza y seguridad» y sostuvo que su «presencia, que es bienvenida, nos recuerda que hay rezagos e injusticias que es urgente resolver».
«Nuestra democracia debe ser lo suficientemente fuerte para abrir sin recelos todas sus puertas a los pueblos indígenas, pero además debemos estar atentos y receptivos a todas las expresiones de pluralidad, porque todas las voces tienen derecho a ser escuchadas», comentó Fox.
El subcomandante Marcos estuvo enfermo de hepatitis hace un mes atrás y es el flamante papá de un varón nacido en la Selva Lacandona, reducto del zapatismo, según trascendió a partir de declaraciones de ex informantes de la anterior administración del PRI en Chiapas que fueron despedidos por el actual gobierno opositor.
Marcos, a quien el gobierno del PRI identificó como Rafael Sebastián Guillén Vicente, es hijo de un empresario de la norteña ciudad de Tampico y ex profesor universitario en la capital mexicana.
A partir de la asunción de Fox, del derechista Partido Acción Nacional (PAN), se reabrieron las esperanzas del diálogo, para cuyo reinicio el EZLN planteó 5 condiciones, entre ellas el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés, desmantelamiento de grupos paramilitares en la región, la liberación de los presos políticos y la designación de un comisionado gubernamental «con la capacidad para dialogar y asumir compromisos».
En la capital mexicana, la urbe más grande de América Latina, viven 213.324 indígenas y los grupos étnicos con mayor presencia son los náhuas con 49.912, otomíes con 32.321, mixtecos 30.379, zapotecos 25.578, mazatecos 7.557 y totonacas 6.000.
Los zapatistas llegan a la capital luego de que más del 95 por ciento de los participantes en la consulta organizada por los rebeldes en 1999 expresaron su apoyo a las demandas de la insurgencia chiapaneca.
En esa ocasión los rebeldes preguntaron –y obtuvieron respuestas afirmativas en su gran mayoría– si los indígenas debían ser incluidos en «la construcción de un México nuevo» y si sus derechos debían ser reconocidos en la Constitución conforme a los acuerdos de San Andrés, firmados por la guerrilla y el gobierno (del ex presidente Ernesto Zedillo) en 1996.
La guerrilla zapatista aclaró que no aspira al «control de un territorio» o a la «separación de México» ni a la «destrucción o a ganar tiempo».
«No llamamos al pueblo a la guerra, pero tampoco al conformismo o la inmovilidad», dijo años atrás Marcos al convocar a «la movilización pacífica, a la lucha por la defensa de todos y a la protesta en contra de la injusticia, a la exigencia de espacios de participación democrática y a la demanda de libertad».
Siete años después del inicio de la rebelión, la comandancia general del EZLN sostiene aún con más fuerza que «sólo con el reconocimiento de los derechos de los pueblos indios, la paz será posible».
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