Los aciertos del premier palestino
Tener la visión de un Estado que será creado pase lo que pase, desde el punto de vista palestino, es bueno.
Claro que discrepamos con eso de «independientemente de lo que suceda en las negociaciones con Israel», ya que fórmulas impuestas y no de común acuerdo, son en el mejor de los casos, complicadas. Evidentemente, para que tengan éxito las negociaciones, se necesita comportamiento adecuado tanto del lado israelí como del lado palestino. Que el premier israelí Benjamin Netanyahu no quede atado a extremistas renuentes a dar un paso hacia el Estado palestino y que los palestinos no arruinen otra vez las negociaciones permitiendo que en el terreno continúe el terrorismo.
El problema de fondo en relación a esa aclaración de que habrá un Estado en 2011 pase lo que pase en las negociaciones con Israel, es que hasta ahora, han sido los palestinos los que rehusaron volver a las conversaciones con Israel.
Esta semana se hablaba de la posibilidad de un encuentro entre Netanyahu y el presidente palestino, Mahmud Abbas, en la ONU el mes que viene, pero por ahora no está confirmado.
No entendemos para qué necesitan verse en Nueva York si viven a 20 minutos de coche, pero eso es aparte.
A pesar de las reservas que hemos mencionado respecto a las declaraciones del primer ministro palestino, consideramos que sus palabras incluyen un punto importantísimo, que debe ser destacado, para bien. Es ese llamado a crear hechos positivos en el terreno, que en otra parte de sus palabras (fue una entrevista al periódico londinense «The Times») detalla, al hablar de la construcción de instituciones democráticas y estables, de una economía ordenada, de estabilidad y prosperidad.
Cuando comenzó el proceso de paz en setiembre de 1993, en los tiempos de Itzjak Rabin y Yasser Arafat, la lógica con la que el premier israelí y su entonces canciller Shimon Peres refutaban las críticas de los escépticos opuestos a las negociaciones, era que al ir avanzando y controlando sus propias ciudades, al ir pasando etapas en el nuevo camino, los palestinos no querrían continuar con el terrorismo porque habrían comprendido todo lo que tienen para perder.
Lamentablemente, esa lógica no funcionó. No sólo para los extremistas de Hamas y otros radicales interesados en la continuación de la violencia, en el «todo o nada», sino tampoco para el propio presidente palestino Yasser Arafat. Perdió tiempo, dinero y muchas vidas, alentando el doble discurso, el doble mensaje a su propio pueblo, dejando siempre abierta la opción del terrorismo. Quedó en la etapa de la revolución.
No preparó a su pueblo para la soberanía, porque sus esfuerzos iban en otra dirección, no apuntaban al desarrollo de las instituciones necesarias para vivir en un Estado independiente y digno.
Salam Fayyad está hace tiempo intentando introducir un nuevo sistema de gobierno, desarrollando una economía estable y segura, con transparencia y en forma ordenada. Hay mucho todavía por hacer.
Ojalá que su énfasis sobre la necesidad de hechos consumados en el terreno pueda concretarse de forma positiva. Concentrándose en el esfuerzo de la sociedad palestina en pro de sí misma, garantizando su propio desarrollo y su avance, y alienando totalmente los mensajes favorables al terrorismo (algo que aún está lejos de ocurrir), los palestinos estarán haciéndole un servicio a su propio pueblo.
Además, sólo eso asegurará que cuando se cree el Estado palestino, sea en el 2011 o en otro momento, sea viable, duradero y goce de paz.
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