Visita de Brown

Malestar de Occidente por Afganistán

La visita del primer ministro británico, Gordon Brown, a Afganistán ilustra, según los expertos, el malestar de los países occidentales, que deben justificar sus compromisos militares y financieros en ese país frente a la opinión pública, cada vez más reacia. Afganistán vive una crisis política mayor desde las elecciones presidenciales y provinciales del 20 de agosto. Para Harun Mir, del Centro de Investigación y Estudios Políticos de Kabul, la visita del dirigente británico «envía un mensaje muy fuerte» al presidente saliente, Hamid Karzai, y al ex ministro de Relaciones Exteriores, Abdulá Abdulá.

«En cuanto se anuncie el resultado final de la elección presidencial», a mediados de setiembre, «deberán encontrar una solución política pacífica», afirma. Desde la votación, el bando de Karzai clama victoria en la primera vuelta, pero Abdulá afirma ir en cabeza y advierte que no aceptará un resultado fruto de los fraudes organizados por el presidente saliente. Según datos parciales oficiales, Karzai encabeza los resultados.

Pero, sobre todo, el viaje de Brown «está destinado a convencer a los británicos de que Occidente no puede quedarse inactivo en la crisis política actual» en un país en el que «sus soldados mueren a diario», afirma Mir. La violencia ha aumentado considerablemente en Afganistán en los últimos dos años, a pesar de la presencia de 100.000 soldados extranjeros.

En Gran Bretaña, como en Francia, Alemania o Estados Unidos, la mayoría de la opinión pública se opone a la participación en este conflicto, por considerar su precio demasiado elevado: cadáveres de militares repatriados con regularidad y 20.000 millones de dólares inyectados desde 2002, que nadie sabe adónde fueron a parar, en un país marcado por la corrupción.

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