FATAH, MODERACION O LINEA DURA
Mientras el diario francés, generalmente más favorable a los palestinos que a Israel, manifiesta un cauto escepticismo, varios comentaristas en la prensa israelí no vacilaron en manifestar un abierto pesimismo. Es típico el artículo de Dov Weissglass en «Ynet News», quien luego de hacer referencia a un mejoramiento en las relaciones de Israel con la Autoridad Palestina, al apoyo de Estados Unidos al liderazgo de Fatah, al duro conflicto con Hamas y al expansionismo iraní, sostiene que cabía esperar una cierta moderación. Sin embargo, escribe, «los palestinos han sido fieles a su tradición, de amenazas y eslóganes radicales, la mayoría alejados de la realidad y algunos de ellos, ridículos, como por ejemplo la decisión respecto «a la responsabilidad de Israel por la muerte de Arafat». Weissglass señala que los líderes de la Autoridad Palestina que solicitaron permiso de Israel para el traslado de Arafat a un hospital de París saben perfectamente que su enfermedad fue la causa de su muerte. Sin embargo, apoyaron la decisión. Esto a su juicio los descalifica. Para el articulista no son verdaderos líderes quienes tienen miedo de rechazar una mentira absurda pero popular.
En su óptica, ni la izquierda ni la derecha israelí aciertan en su análisis de las resoluciones de «línea dura» del Congreso. A su juicio no importa el texto sino la conclusión que se desprende del mismo: el liderazgo palestino no tiene ni el coraje ni la honradez necesarios para tomar las decisiones impopulares requeridas para un acuerdo de paz final con Israel. Su conclusión es que es necesario dejar de lado la ilusión de que es posible alcanzar un acuerdo que ponga fin al conflicto y avanzar en la coexistencia cotidiana entre ambos pueblos.
Pero aún más contundente es el periodista árabe-israelí Khaled Abu Toameh, conocido por tanto por su seriedad periodística como por su juicio independiente. Toameh, que vive en Jerusalén y en el pasado escribió para el diario de la OLP «Al Fajr», publicó tres artículos en el «Jerusalem Post». En el primero (10.8) censura la determinación de Fatah de ser «un movimiento de liberación nacional» y escribe: «La sexta Asamblea General de Fatah ha demostrado que después de 44 años de existencia aún no está pronto para dejar de ser un movimiento revolucionario y transformarse en una organización capaz de gobernar un Estado y crear una infraestructura adecuada para el futuro Estado palestino».
Para Toameh «La agresiva retórica de los delegados y los eslóganes y graffiti en los salones de la conferencia en Belén atestiguan que Fatah continúa viviendo en el pasado y no en el presente. Para muchos palestinos hay claros paralelos entre Fatah y el Partido Baath de Saddam Hussein. En lo que a ellos respecta, Fatah es parte del problema y no de la solución».
El articulista finaliza con un toque de amarga ironía: «El liderazgo de Fatah no vio ninguna necesidad de brindar un informe financiero y administrativo sobre 20 años de gestión. ¿Para qué molestarse en hacerlo si Israel continúa construyendo asentamientos y Hamas domina la Franja de Gaza?
En el siguiente artículo (12.8) Toameh cuestiona al nuevo liderazgo electo en el Congreso: «Muchos de los recién electos miembros del Comité Central de Fatah podrán ser más jóvenes que sus predecesores destituidos, pero esto no significa que sean más proclives a reformas o que sean menos corruptos. La elección de la joven guardia no asegura tampoco un viraje a la moderación. ¿Quién asegura que los nuevos miembros del Comité Central sean mejores que las figuras de la vieja guardia acusada de corrupción y abuso del poder?»
Toameh concluye su artículo: «De lo que no hay dudas es que el cambio de guardia no necesariamente significa que puede reconquistar la confianza de la mayoría de los desilusionados palestinos. Tampoco demuestra que Fatah se encamina a una verdadera reforma interna ni que esté moderando su política».
En el tercer artículo (13.8), escrito en colaboración con Alex Sorin, Toameh se refiere a los reclamos de un presunto fraude en la votación para el liderazgo de Al Fatah, pero de la información se desprende que hay pocas chances de que estos prosperen. En cambio, según indicaron fuentes cercanas a Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina probablemente utilice sus poderes para cooptar al Comité a un delegado cristiano y a una mujer, además de dos delegados adicionales de la Franja de Gaza, además de Mohamed Dahlan y Nabil Sha´ath.» Sin duda, los pesimistas parecen tener más argumentos que los optimistas en su avaluación del Congreso. Pero hay una novedad a favor de los optimistas: el «fayyadismo,» o sea un nuevo pragmatismo realmente constructivo, basado en las necesidades cotidianas del pueblo y no en la gastada y estéril mística de lucha que en más de 60 años sólo alejó a los palestinos de su autodeterminación nacional.
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