Fiesta sin fin

Beirut, capital de los excesos

Con fiestas en playas nudistas, grandes veladas delirantes animadas por personalidades del jet set como Paris Hilton y sus casinos, Beirut se está ganando la reputación de capital del ocio nocturno y de todos los excesos en Medio Oriente.

Algunos fiesteros no dudan en gastar 1.000 dólares en una botella de champaña en una discoteca de moda, donde el minimalismo es la norma para la vestimenta de las mujeres.

Líbano lo ha visto todo. Una guerra civil (1975-1990), una ocupación militar, asesinatos de personalidades importantes y una interminable inestabilidad política.

El barrio del hotel Riviera, donde hace cuatro años un ministro anti sirio sufrió una tentativa de asesinato, duerme ahora al ritmo de los gritos de los que bailan toda la noche.

«Tenemos discotecas en El Cairo, pero nada comparable», explica Wafiq, un consultor financiero egipcio de 26 años, mientras baila con un vaso de whisky en una mano y un cigarro cubano en la boca.

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