Haider: un camaleón que trata de ocultar su raigambre nazi

Su padre, Robert Haider, un nazi convencido, participó ya en julio de 1934 en varios asaltos armados en la alta Austria. Perseguido por la Justicia por el asesinato de un policía, buscó refugio en Bavaria. Regresó en 1938 a su patria, luego de la anexión de Austria por Hitler, y ocupó un alto cargo en el aparato fascista. El joven Joerg siguió a sus mayores, ingresó ya siendo liceal a asociaciones estudiantiles germano-nacionalistas como Albia, Teutonia, Silvania y Olimpia. Fue orador en el encuentro con motivo del centenario de una de estas organizaciones pro fascistas. En 1992 lanzó la consigna «crear élites libertarias para el futuro de Austria».

Muy temprano se ejercitó en el arte de la ortatoria, ganando un concurso en Innsbruck con el tema «¿somos los austríacos alemanes?». Friedrich Peter, ex oficial de la SS, descubrió ya en 1965 las excelentes cualidades de Haider, incorporándolo al Partido de los liberales en la sección juvenil. Luego de finalizar sus estudios de abogacía, trabajó en la Universidad de Viena y en 1976 avanzó en la jerarquía partidaria, siendo nombrado secretario en la región de Klagenfurt. Haider siguió ligado a sus viejas relaciones estudiantiles ultraderechistas.

Haider dice luchar por libertad y paz

Otro dato revelador: en 1986 heredó de su tío abuelo Wilhem Webhofer la hacienda «Baerendorf», convirtiéndose en el político más rico de Austria. El tío abuelo ha sido luego de 1945 miembro de la organización de ayuda a los nazis Odessa. Fue hombre de paja de grandes fortunas secretas de jerarcas nazis. La hacienda había sido propiedad de una judía italiana, Matilde Roefer, que fue obligada a vender su propiedad por un precio irrisorio, a Webhofer, padre del tío abuelo de Haider.

Analizando la base política de Haider y de su partido liberal, salta a la vista su coincidencia con el Partido Nacionalsocialista Obrero de Hitler, al proponer la «Comunidad Popular» como objetivo a alcanzar en Austria. Haider es un demagogo peligroso que encubre posiciones neonazis, pero personalmente es reticente en cuanto a manifestarlas públicamente, para no ponerse al margen de la sociedad. Le preocupa su imagen.

Anulamente se realizan encuentros de viejos y nuevos nazis, nacionalistas y militaristas de toda Europa en Ulrichsberg en Carintia. Sobre esto se pudo leer en el periódico del Partido de los Liberales «Kaertener Nachrichten»: » En la Waffen-SS ya se había realizado la Europa unificada. Por eso, ellos no son los últimos de ayer, sino los primeros de mañana». Haider apoya decididamente estos encuentros, considerándolos como algo «honorable» y sus partidarios son calificados por el líder neonazi como «una roca firme en medio del mar». Para Haider, los veteranos de la guerra mundial, la Wehrmacht de Hitler y la Waffen-SS fueron luchadores por la paz y la libertad, haciendo un aporte para la construcción de la sociedad democrática de hoy».

Admiración por Adolf Hitler

En una publicación del partido de Haider en Carintia, donde éste ocupa un alto cargo, se puede leer sobre la mesa la anexión a Austria en 1938 por el Reich alemán: «Donde ayer hubo odio y división, hubo luego grandeza y victoria…, cómo pudo ser eso, de dónde provinieron los cambios: para ellos hay una sola respuesta, Adolfo Hitler, el Fuehrer».

Otra perla del ideario liberal: Raimund Wimmer, jefe de Haider en la región de Linz, se opuso al afincamiento de judíos en la región, diciendo: «Eso es imposible, Zilk –el proponente– no conoce a los judíos. Yo estuve en la guerra y los conocí en Rusia. Esta gente se asombraría si viera a los judíos caminando por Viena con sus rulos…». Zilke, siendo alcalde de Viena, quiso afincar 50.000 judíos de la Unión Soviética en Austria. Para Haider, Wimmer era algo así como «el padre de la renovación política del Partido Liberal».

Por otro lado, Haider lanzó sus consignas chovinistas y xenófobas contra los extranjeros, que buscaban asilo en Austria, tildándolos de criminales que amenazan «los fundamentos de nuestra identidad y de nuestra cultura». Con típico lenguaje nazi, habla de Volkstum, traducido acervo popular, que Hitler usó para justificar sus conquistas bélicas y sus teorías racistas.

Haider quiere hacer de Austria el portaaviones de la nueva derecha en Europa. Ya Bruno Kreisky, siendo canciller, dijo en 1989 que Haider era un «nazi muy peligroso». A Kreisky le valió un proceso judicial por calumnia. Haider es lo que el viejo político socialista dijo, pero es también un demagogo y artista del lenguaje ambiguo, de la interpretación dudosa.

Pero quien sabe oír y ver, sin dudal, interpretará el enorme peligro de este siniestro personaje, maestro del engaño, verdadero camaleón, de los métodos nazis modernos de este siglo.

Detrás de todo este bagaje ultraderechista, sin duda, se puede descubrir fácilmente una política consecuente de los grupos económicamente poderosos de Austria.

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