Ejecutaron a la mujer texana
La sexagenaria Betty Lou Beets fue ejecutada anoche, a las 0.18 GMT en la prisión de Huntsville, Texas, mediante una inyección letal. «Tengo miedo. No quiero estar sola cuando me lleven al lecho de la muerte», le dijo a su abogado poco antes de entrar en la cámara de ejecución la mujer, que tenía cinco hijos, nueve nietos y seis bisnietos. Después de un largo calvario que se extendió angustiosamente desde el mediodía, el veneno expelido por la denominada «máquina de la muerte» ingresó a su cuerpo cuando había pasado ya un poco más de un cuarto de hora del 25 de febrero en Texas.
Beets, de 62 años murió después de que el gobernador del Estado de Texas, George Bush, le negara una postergación de la pena capital in extremis. La decisión de Bush, precandidato a presidente de Estados Unidos por el Partido Republicano, era la última posibilidad de evitar la muerte de la mujer esta noche.
Pocos minutos antes, la Corte Suprema de Justicia le había denegado también la concesión de la «gracia», un perdón de último momento.
Un vocero de la prisión dijo que la mujer, conocida como la «viuda negra» por haber asesinado a uno de sus maridos aunque persisten las dudas sobre la forma en que murió otro, rechazó la última cena que le fue ofrecida en el presidio. «Estaba solemne pero respetuosa», dijo uno de los guardiacárceles que mantuvo uno de sus últimos contactos.
Pese a que la oficina del gobernador de Texas en Austin admitió haber recibido en las últimas horas unas 1.600 cartas y centenares de llamadas telefónicas que pedían clemencia para Beets –y sólo 37 que apoyaban la ejecución– el precandidato presidencial por el Partido Republicano se negó siquiera a postergar la aplicación de inyección mortal. Una Corte de Apelaciones rechazó temprano el recurso presentado «in extremis» por los abogados de Beets y ratificó el veredicto de un tribunal de grado inferior, con lo que rechazó la tesis de los defensores, quienes argumentaron que la sexagenaria no había sido juzgada en un proceso justo. Tampoco los grupos humanitarios y dos especialistas de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que, desde Ginebra, escribieron al gobernador Bush «para que tenga piedad y detenga la ejecución», tuvieron éxito.
Asma Jahangir y Radhika Coomaraswarmy, las dos especialistas de la ONU, expresaron su preocupación en el sentido de que el tribunal que, en primera instancia, condenó a Beets no había tomado en consideración el hecho de que la mujer fue, a su vez, víctima de violencias de parte del padre y de sus maridos.
Bush es defensor de la pena capital y desde que es gobernador dio luz verde a 121 ejecuciones, incluida la de hoy.
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