OTRO DESPLANTE DE LOS GOLPISTAS
Así como en el plano de la represión interna los golpistas están desbordando todos los límites, se niegan a recibir una misión de la OEA después que el organismo, por la unanimidad de sus 34 integrantes, suspendió al gobierno de facto, condenó el golpe y reclamó la restitución de Zelaya. Ahora, con inaudito cinismo, objetan la presencia en la misión del secretario general de la OEA, que la integra por decisión del organismo, y se permiten proponer otra integración de la misión, con representantes de países extrarregionales, el colmo del absurdo. Antes bien, demuestra que el único objetivo de los golpistas es perpetuar su régimen espurio.
Esto lo hacen en momentos en que en el mundo entero y en su propio país crece el repudio al golpe. Ni uno solo de los 192 gobiernos del mundo los reconoció, sino que todo tipo de organismos humanitarios está denunciando la violación de los DDHH por parte del régimen de facto. La Misión Internacional de observación de DDHH en Honduras, integrada por 19 organizaciones de América y Europa, entre ellas la uruguaya Serpaj, elevó un extenso cuestionario al fiscal general Luis Alberto Rubí con señalamientos concretos de estas violaciones. La Universidad Nacional Autónoma de Honduras ha solicitado solidaridad por la violación descarada de su autonomía por parte de fuerzas militares y policiales, con agresión directa a su rectora Julieta Castellanos, y es de esperar que las universidades de América recojan este pedido. Recordamos que al frente de nuestra Universidad hay un cartel con la leyenda: «Honduras resiste. NO al golpe de Estado». Además, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo de la OEA, se ha dirigido al presidente del Congreso y al presidente de la Suprema Corte de Justicia de Honduras, anunciando que visitará el país entre el 17 y el 21 de este mes y se propone investigar las violaciones de DDHH a tenor de las numerosas denuncias recibidas, en particular de los asesinatos perpetrados. Veremos si los golpistas se atreven también a impedir su ingreso al país.
Ante el anuncio de la misión integrada por los cancilleres de Costa Rica, República Dominicana, Argentina, México, Canadá y Jamaica junto con Insulza con el fin manifiesto de «buscar un diálogo para la restitución de Zelaya», el usurpador Micheletti dijo, en una bravuconada inicial, que aceptaba su llegada «en calidad de turista». Ahora se niega la entrada a la misión, sin más trámite.
En torno a la crisis hondureña, ha sido objeto de debate la actitud asumida por EEUU. En recientes declaraciones el presidente Barack Obama señaló: «Alguna de la misma gente que se ha quejado de la interferencia de EEUU en Latinoamérica, se está quejando ahora de que no estamos interviniendo lo suficiente». Insistió en que la postura adoptada por su gobierno no podía ser más clara, denunciando el golpe de estado del 28 de junio y reconociendo a Zelaya como el presidente de Honduras democráticamente electo (y eso «pese al hecho de que con frecuencia el presidente Zelaya ha sido crítico de la política de EEUU»). Recordó asimismo que su país reiteró la necesidad del regreso pacífico de Zelaya para completar su período de gobierno y apoyó la mediación del presidente Arias. El tema resurgió en ocasión de un planteo del senador (republicano) Richard Lugar, ante lo cual el vocero del State Department Robert Wood declaró: «No suavizamos nuestra posición. Fue claramente un golpe y lo condenamos».
En Página/12 de ayer Santiago O’Donnell alude al tema bajo el título de una canción citada por Obama «O me quedo o me voy». Dice que «EEUU condenó el golpe en Honduras, cortó ayuda militar y de los organismos multilaterales que controla, echó a los diplomáticos golpistas de la embajada de Washington y rápidamente acreditó a los nuevos enviados de Zelaya y canceló las visas de los principales responsables del golpe». Se pronuncia contra el retiro del embajador Llorens de Tegucigalpa. Y cita la opinión de Chacho Álvarez, presidente de la comisión de representantes permanentes del Mercosur, de que el tema hay que llevárselo a EEUU por vía de la OEA como una forma de ejercer presión para que Washington asfixie al régimen golpista.
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