MONDO CANE

La directora de un laboratorio pidió a los hinchas alemanes, en vísperas del comienzo de la Bundesliga de fútbol 2009-2010, que no celebren efusivamente los goles y las victorias de sus equipos para evitar la propagación de la gripe A. «No hay que darse la mano, ni besarse ni tampoco abrazarse» al celebrar un gol, explicó Susanne Huggett en declaraciones al diario alemán Bild. «En un estadio de fútbol, la gente se sienta muy cerca unos de otros. Si tiene usted cerca a alguien que estornuda y moquea constantemente, debería pensar en cambiar de sitio», añadió.Por el momento, el riesgo de pandemia de la gripe porcina no asusta al fútbol alemán y en principio la 1ª jornada de la liga alemana, la más seguida de Europa en número de espectadores (17,5 millones la temporada pasada), tendrá lugar este fin de semana con toda normalidad.»Por el momento, no sentimos en absoluto la necesidad de activarnos en ese sentido aunque vigilamos atentamente la evolución de los acontecimientos y estamos en estrecho contacto con las autoridades», destacó el director general de la Liga Alemana de Fútbol, Holger Hieronymus. Un partido de Tercera División que iba a disputarse el sábado sí que fue suspendido porque dos jugadores de uno de los dos equipos padecen la gripe A(H1N1).

Las terapias denominadas «reparadoras», que pretenden tratar la homosexualidad como una enfermedad y cambiar la orientación sexual del individuo, son erróneas, ilusorias e incluso nocivas, afirmó la Asociación estadounidense de psicología (APA) en un informe sobre estos enfoques terapéuticos.»La Asociación estadounidense de Psicología (APA) adoptó una resolución afirmando que los profesionales de salud mental deberían evitar decir a sus clientes que pueden cambiar su orientación sexual mediante terapias y otros tratamientos», indicó la gran asociación profesional. que reúne a 150.000 miembros.La organización compiló los resultados de 83 estudios realizados entre 1960 y 2007 sobre los diferentes enfoques psicoterapéuticos y fundamentalmente las terapias denominadas «reparadoras», que afirman poder modificar la orientación sexual. Estos esfuerzos terapéuticos -que han consistido a lo largo de los años en diferentes prácticas como electroshocks, la inducción de náuseas, la reorientación del deseo mediante hipnosis o el intento de suscitar una aversión mediante el sentimiento de vergüenza- afectan a personas con tendencia «a tener visiones religiosas conservadoras muy fuertes que los llevan a querer modificar su orientación sexual».

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