OPINION INTERNACIONAL

LOS GOLPISTAS, TOTALMENTE AISLADOS

La represión cobró una nueva víctima, el profesor Roger Abraham Vallejo Soriano, que fue herido de un balazo en la cabeza y falleció al día siguiente en el hospital. Las fuerzas represoras no solo disparan gases lacrimógenos y balas de goma, también proyectiles vivos. De la misma manera asesinaron al joven Isis Obed Murillo en las manifestaciones hacia el aeropuerto de Toncontin: un balazo le atravesó la cabeza. Su padre, el pastor Pedro Murillo, fue encarcelado por denunciar el crimen. El profesor Vallejo no es la tercera víctima mortal desde el golpe de estado, como se ha dicho, sino la séptima. Al joven Murillo le siguieron el periodista Gabriel Fino Noriega, de la Radio Estelar de San Juan Pueblo, departamento de Atlántida, acribillado a balazos al salir de su noticiero. Luego asesinaron a dos activos dirigentes del partido Unificación Democrática, Ramón García (a quien bajaron de un transporte colectivo en el sector Callejones del occidental departamento de Santa Bárbara para ultimarlo) y Roger Iván Bados, sacado a los golpes de su propia casa. En San Pedro Sula mataron el 11 de julio a Vicky Hernández Castillo. Y en el aquelarre represivo en el departamento de El Paraíso, fronterizo con Nicaragua, masacraron al albañil Pedro Magdiel Muñoz Salvador, venido de la capital, que fue torturado y apareció tirado con 42 cuchilladas en el cuerpo cerca del retén militar. Ahora se ha acrecentado la lista de los muertos de Micheletti (ver nuestra nota del 27 de julio con ese título).

Otra de las víctimas de la represión de los últimos días es el secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Bebida y similares (Stibys), Carlos H. Reyes, quien escapó de los toletazos arrojándose a un barranco, por lo que resultó con doble fractura de muñeca y lesiones en el rostro. Todos estos hechos son denunciados al mundo por la Misión Internacional de Solidaridad, Observación y Acompañamiento de Honduras, integrada por un conjunto amplísimo de organizaciones solidarias de América y Europa. Al mismo tiempo, está actuando una Misión Internacional de DDHH compuesta por 15 profesionales independientes que brindan información sobre violaciones de DDHH y formulan recomendaciones a los gobiernos de los 192 países que condenaron el golpe de estado en la asamblea general de la ONU.

La represión alcanza también a los indígenas y a la Organización Fraternal negra hondureña (Ofraneh). Se registran atentados contra pobladores garífunas y por esa razón muchas familias miskitas abandonan Honduras y cruzan hacia Nicaragua, todo lo cual ha sido denunciado ante el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR).

La reunión efectuada el 30 de julio en Managua entre el presidente legítimo Manuel Zelaya y su canciller Patricia Rodas, de una parte, con el embajador estadounidense Hugo Llorens y funcionarios de su embajada, por otra, acentuó aún más el aislamiento de los golpistas, que no tienen el apoyo ni el reconocimiento de ningún gobierno. El embajador Llorens declaró a la prensa internacional al término del encuentro: «Es un placer ver al presidente Zelaya. Como ustedes saben, ése es el gobierno que Estados Unidos reconoce». La agencia Prensa Latina estima que esta reunión «podría darle un nuevo giro a las negociaciones para restablecer la constitucionalidad en la nación sudamericana» y que «aparentemente la Administración de Barack Obama envió al emisario para darle a Zelaya una señal de su respaldo y de que se busca una salida política negociada al conflicto». Cita en ese sentido la declaración de Llorens de que Estados Unidos reconoce al gobierno de Zelaya y que trabaja con la comunidad internacional para restaurar la democracia en el país.

El presidente Zelaya por su parte destacó «la barbarie y represión brutal» de las acciones perpetradas por los golpistas y anunció su decisión de presentar una demanda contra éstos ante la Corte Penal Internacional de La Haya, al tiempo que solicitó a la Casa Blanca y a la comunidad internacional la adopción de medidas y acciones inmediatas contra los golpistas. Micheletti reaccionó declarando que Zelaya no volvería al país y menos a la presidencia, y se lamentó de que Llorens se reuniera con él. Los usurpadores sienten que el cerco se estrecha en su torno.

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