La viga en los ojos de EEUU
Por Niko Schvartz
Buena parte de la comunidad internacional reaccionó con indignación y sarcasmo contra este desplante reiterado de Washington. Como contrarréplica, de uno a otro confín surgió la pregunta: Y por casa, ¿cómo andamos?
Los exportadores de la tortura
Aviados están los Estados Unidos para hablar de derechos humanos. Acaban de bombardear Irak, Bagdad incluido, cuantas veces se les antojó, y Colin Powell se reunió en Bruselas con sus subordinados de la OTAN para (además de acallar la protesta de Francia) intensificar las sanciones que ellos impusieron a Irak, y que sufre el pueblo con la falta de alimentos y medicinas. La misma política de avasallamiento de los derechos humanos de pueblos enteros los llevó antes a bombardear Kosovo y Libia, a armar a Israel para masacrar a los palestinos, y a desembarcar cientos de veces sus marines en América Latina.
Otro hecho reciente desnuda a estos defensores de pacotilla de los DDHH. Más de 80 empresas estadounidenses, con la debida licencia del Departamento de Comercio, se dedican a vender instrumentos sofisticados de tortura en todos los continentes, habiendo obtenido en los últimos dos años ganancias de cerca de 100 millones de dólares. La variada oferta incluye esposas con clavos, bastones eléctricos, pero la pieza maestra del marketing es el «cinturón picana» que provoca una descarga de 50.000 voltios, dura 8 segundos, puede ser activado a control remoto, provoca parálisis y tremendo dolor en la víctima, que también se orina y defeca. Según el folleto de propaganda, la eficacia del producto quedó demostrada al haber sido utilizado 50 mil veces en 1999 en la población carcelaria norteamericana (de dos millones de personas).
Los reyes de la pena de muerte
Varios objetores a los informes del Departamento de Estado (como el presidente de Chile y el canciller de Costa Rica) destacaron los extremos a que llega en EEUU la aplicación de la pena de muerte. El documento se difundió en vísperas del 1º de marzo, que es precisamente el Día Internacional por la Abolición de la Pena de Muerte. EEUU lo conmemoró con dos ejecuciones, en Oklahoma y Virginia, lo cual refleja «el desprecio de Estados Unidos por la opinión de la comunidad internacional cuando se habla de justicia y decencia moral», según Amnesty International. Con estas ejecuciones se llega a 700 desde 1976. El récord lo tuvo Texas mientras fue gobernador George W. Bush (que no conmutó ninguna).
Uno de estos casos es revelador. Desde hace 20 años, el periodista negro y ex integrante de los Panteras Negras, Mumia Abu-Jamal, está en la antesala de la muerte. En un trabajo realizado en esas condiciones demuestra que los reos acusados de matar a blancos en Georgia tienen 4,3 veces más posibilidades de ser sentenciados a muerte que los acusados de matar negros, y que 20 de cada 34 reos negros no habrían sido condenados a muerte si su víctima hubiese sido un negro. Demuestra también que de los 50 condenados a muerte en Filadelfia en 1988, 40 eran de origen africano. El premio Nobel nigeriano Wole Solynka declaró que gracias a estas denuncias de Mumia «la conciencia de Estados Unidos comienza a despertarse y a darse cuenta de la criminalidad de este sistema judicial».
El canciller costarricense Roberto Rojas señaló que mal puede EEUU hablar de estos temas cuando ni siquiera ratificó la Convención Americana de Derechos Humanos suscrita en 1969 en San José.
El récord de drogadictos
Tampoco puede, como si fuera Zeus desde el Olimpo, extender o negar certificaciones sobre el narcotráfico cuando detenta el récord mundial de drogadictos, cuyo número ha seguido en aumento. Hasta Pastrana dijo en Washington que el verdadero problema está en las calles de Nueva York o Los Angeles.
También en este rubro, nuevos hechos dejan en falsa escuadra al imperio del norte. 1) En las últimas horas de su mandato, Clinton amnistió a Harvey Weinig, un abogado neoyorkino que cumplía una condena de 11 años de cárcel por lavar millones de dólares del narcotráfico colombiano. Era jefe de una red internacional que operaba en Nueva York y otras ciudades de EEUU y se extendía a Alemania, Suiza, Italia, Puerto Rico y, desde luego, Colombia. Su liberación, que se hará efectiva el mes próximo, fue calificada de «sórdida» por el embajador colombiano ante la ONU, Alfonso Valdivieso.
La pregunta que se hacen los colombianos es: ¿Cuánto pagaron los narcos por el indulto? 2) Como lo está demostrando la investigación del subcomité del Senado de EEUU sobre los ilícitos perpetrados por los banqueros argentinos, el Citibank norteamericano y sus filiales está metido hasta las orejas en el lavado de cientos de millones de dólares del narcotráfico (y la telaraña llega hasta Uruguay, dicho sea de paso). 3) Incluso dos funcionarios de la embajada yanki en Bogotá están involucrados en el narcotráfico, como también lo estaba la esposa de un alto funcionario diplomático, y hasta los aduaneros de Miami.
Tampoco terminan aquí las cosas. La lucha antidroga monitoreada por EEUU se extiende a las fumigaciones indiscriminadas, lo que ha provocado la protesta de los alcaldes de las zonas afectadas, particularmente en el Putumayo, según los cuales están destruyendo los cultivos alimenticios (del arroz a la yuca, del maíz a la cebolla), a la vez que provocan mortandad de animales y enfermedades a los pobladores.
Maestros en elecciones truchas
En el debate suscitado en torno a estos temas, se señaló que EEUU pretende aparecer como paladín de las elecciones limpias, mientras sus últimos comicios, signados por el fraude y la falta de transparencia, lo cubrieron de ridículo ante el mundo entero. Veíamos días pasados, a cuatro meses de la elección, cómo se seguían escrutando los votos en Florida y una misma papeleta, examinada con lupa, pasaba por siete pares de manos.
En síntesis, como dijo el presidente Hugo Chávez dirigiéndose a EEUU: «Antes de criticar la paja en el ojo ajeno, mírate la viga que tienes en el tuyo».
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