OPINION INTERNACIONAL

SUPER-GUANTANAMO

Según uno de los muchos blogs de la oposición, «IranPressNews», 100 cuerpos son guardados en una morgue en Teherán. En algunos casos, agentes anónimos han invitado a familiares de víctimas a encontrarse con ellos en lugares oscuros con el pretexto de darles información. Se les amenazó con duras represalias si revelan públicamente el destino de sus familiares. Otros parientes cercanos de víctimas fueron obligados a firmar documentos en los que «admiten» que sus seres queridos murieron de muerte natural.

Robert Worth, del «New York Times» informa el 30 de julio desde Dubai que algunos prisioneros fueron testigos de la muerte a golpes de varios de sus compañeros. A otros se les arrancaron los uñas o se les obligó a lamer excrementos. Los relatos sobre los abusos en las prisiones han causado una gran indignación en la sociedad iraní, incluyendo a partidarios del gobierno. Un caso emblemático fue el de Mohsen Ruholamini, hijo de un destacado científico y consejero del candidato conservador Mohsen Rezai, muerto en prisión luego de ser arrestado en una de las manifestaciones contra la manipulación del resultado de los comicios. La muy promocionada liberación de 140 prisioneros no aplacó la indignación popular debido a la multiplicación de historias de horror.

Un joven que estuvo en el campo de Kahrizak, que fue cerrado por órdenes del Ayatolá Khamenei, cuenta en un blog: «Estábamos tan juntos que nadie podía moverse. Los guardias de civil entraron en la celda y rompieron las lamparitas de luz y empezaron a dar golpes a ciegas. A la mañana por lo menos cuatro detenidos estaban muertos».

Según fuentes gubernamentales de las 2.500 personas arrestadas en la represión que siguió al anuncio del resultado electoral, solo 150 quedan en prisión, pero esta versión ha sido recibida con escepticismo y se cree que la cifra es mucho mayor.

Algunos personeros del régimen reaccionaron con alarma. Un miembro de línea dura del Parlamento, Hamid-Reza Katouzian declaró que «Aquellos que han convertido esta sociedad en un estado policial y han ordenado el uso de la fuerza serán obligados a hacerse responsables de sus actos. «La policía y el Ministro de Inteligencia nos dijeron que ellos no tuvieron un rol en los excesos y no sabemos quién es responsable».

Pero la división de tareas entre las distintas ramas represivas del régimen indudablemente complica las cosas, aunque nadie duda de que los principales represores son los «Guardias de la Revolución» y su rama juvenil, los Basij.

El diario alemán «Die Welt» (El Mundo) cuenta el caso de un hijo del sociólogo reformista, Hamid Resa Dschalalipur, que fue detenido en el aeropuerto de Teherán el 17 de junio.

El sociólogo, que participó en la revolución islámica contra el Shah, como entusiasta partidario del Ayatolá Khomeini, cuenta con muy buenos contactos en el régimen. Hasta hoy no conoce el destino de su hijo, pese a que preguntó en todos los lugares en los que presuntamente debían tener alguna información, desde el Ministerio de Justicia hasta la cárcel de Evin. Solo una vez, admitió el sociólogo, su preocupación por su hijo pasó a un segundo plano: cuando estuvo ante la cárcel de Evin y habló con familiares de presos y éstos le contaron sobre las condiciones en que viven los presos que son «peores que en la prisión iraquí de Abu Ghraib».

Dschalalipur se manifestó particularmente indignado con la prohibición del gobierno de realizar homenajes a los muertos. Señaló que como hermano de tres soldados caídos en la guerra contra Irak, tres «mártires», él sabe valorar particularmente la importancia del duelo para las familias.

Según testimonios recogidos por el diario británico «The Guardian» el 28 de julio, prisioneros recientemente liberados de Evin han descrito crueles golpizas y el encierro en diminutas celdas con temperaturas de hasta 40 grados.

Un prisionero, que pasó dos semanas en una sección de presos políticos contó que fue golpeado y abofeteado todo el tiempo y obligado a hacer cosas que no quería. Otro detenido, que estuvo con criminales comunes dijo: «Todavía tengo en los oídos los gritos de los prisioneros, cuyas piernas fueron quebradas por los guardias a bastonazos».

El lunes pasado, el líder opositor Mir Hussein Moussavi (que cabe recordarlo es un hombre del régimen y fue Primer Ministro durante la guerra Irán-Irak) acusó al gobierno de brutalidad e impiedad y dijo que sus líderes no «pueden convertir esta nación en una prisión para 70 millones de personas». Asimismo señaló que «cuanto más gente arresten, más va a aumentar el movimiento de oposición».

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