MONDO CANE

Los juegos de video del futuro se jugarán «en las nubes», desde servidores distantes, pero, entre tanto, los juegos clásicos en consolas de salón seguirán dominando el mercado, consideran analistas en la Online Games Convention de Leipzig (sur de Alemania). Los juegos de video «basados en discos regresarán y los basados en la red progresarán. Pienso que el futuro son en realidad los juegos en línea», declaró David Reeves, ex director de Juegos de Video de Sony en Europa. «Si miramos hacia el futuro, no habrá necesidad de programas informáticos (instalados en casa del jugador) bastará un navegador» para jugar, dijo Heiko Hubertz, joven patrón de Big Point, una empresa alemana que diseña juegos en línea. Esta evolución, que se ha hecho posible gracias a la popularización de la Internet de alta velocidad, permitiría a los jugadores prescindir de un computador o de una consola último modelo: el programa de juego funciona a distancia, en un servidor centralizado. Según David Reeves, a quien se debe el triunfo de la Playstation, uno de los más grandes éxitos de la historia de los juegos de video, «en los cinco próximos años, durante esta transición, al menos 90% de los consumidores tendrá acceso a los contenidos numéricos a distancia».En marzo, la empresa estadounidense Onlive anunció para fin de año un servicio de juego «en las nubes» («on cloud computing») que permite escoger su juego video en Internet y jugar en una pantalla de televisión. En la actualidad «los jóvenes de 18 años son gente que adora ir a su cuarto para descargar» productos, y están ya acostumbrados a esta manera de consumir, añadió. Estos juegos, posibles tanto en la pequeña pantalla de teléfono como en el monitor de la sala, pueden generar muchas ganancias a sus editores, estima. «Los juegos de video representan la parte más importante del contenido pago en línea, por encima de la música y el video», recalcó el gabinete especializado LCM en un estudio publicado en junio.

Philippe Faur, heladero del terruño, se atreve con los salados ­de caviar, foie gras, roquefort­ para acompañar los platos en su restaurante de Saint-Girons (Pirineos) e inspirar las cartas de diversos establecimientos reseñados en las guías gastronómicas. «Pieza de buey, helado de roquefort», «Ravioli de magret de pato, helado de foie gras», «Pichón al foie gras, helado de trufa», «Filete de dorada, sorbete de caviar», la carta del restaurante Tentations anuncia de qué va y el gusto por las mezcla de géneros, un caliente-frío que sorprende las papilas antes de que la armonía invada el paladar. Encima de una carne o de un pescado, la crema helada se funde como una salsa. Los más golosos la degustan directamente con una cuchara depositada en el plato. «Empecé con los helados salados en 2002 con la trufa, por ver, y ahí me dije que había un camino para explorar», cuenta Philippe Faur, de 39 años, hijo y nieto de cafetero-heladero. Ahora propone una carta de un centenar de perfumes: champán, mostaza, jengibre, lavanda, regaliz, aguacate, azafrán, junto al clásico vainilla-chocolate-fresa. Para el foie gras, acudió a un productor de Perigord, Rougié, proveedor de grandes cocineros, y a la casa Petrossian para el caviar. En 2007, con su helado de foie gras conquistó en Lyon el Gran Premio Internacional de la Innovación en el Salón Internacional de la Restauración, Hostelería y Alimentación. «Es innovador. Puede sorprender, pero 95% de los clientes lo adoran», afirma el cocinero, Jean-Marc Granger, un hombre que tiene una cintura consecuente con su empleo y una sonrisa abierta. «Hemos venido a descubrir el helado de foie gras y volveremos.  Encontramos el gusto perfectamente, el perfume del foie gras se combina bien con la carne», se deleita Armand Anglade, que celebra con su esposa 35 años de matrimonio.

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