Venezuela y Colombia a un paso de la ruptura de relaciones
Chávez, a través de una transmisión televisiva, anunció el «congelamiento» de las relaciones de Venezuela con Colombia y el retiro de Bogotá del embajador Gustavo Márquez.
Todo, según dijo, como consecuencia de la «nueva agresión» del gobierno colombiano a su país, a propósito de la denuncia de la posesión, por parte de las FARC, de unos lanzacohetes suecos comprados hace 20 años por Caracas.
«Cualquiera agarra un fusil y le pone el sello de Venezuela y un serial», dijo Chávez, quien destacó que su gobierno no ha entregado armas «a guerrilla alguna, a movimiento armado alguno, y eso se lo hemos dicho a los gobiernos de Colombia una y quinientas veces».
«No vamos a tolerar esto más», prosiguió. «Vamos a congelar las relaciones». Chávez, además, se refirió a la eventualidad de que se instalen bases militares de EEUU en Colombia: «Ya comenzaron a llegar tropas yanquis aquí. Es sin duda una agresión contra Venezuela (…) Nos están rodeando. ¿Qué quieren, que nos rindamos?».
Como en otras ocasiones, Chávez señaló que el gobierno colombiano está en manos de «irresponsables de la mayor calaña», según indicó la prensa colombiana al tomar las declaraciones del mandatario venezolano.
La nueva situación se suma a la reciente crisis. La instalación de bases militares de Estados Unidos en Colombia dejó de ser un tema bilateral y pasó a constituir un asunto de seguridad que afecta el equilibrio geoestratégico a nivel regional, según afirmaron analistas locales.
El acuerdo de cooperación militar, que está en proceso de ajuste para su firma en un tiempo máximo de 45 días, prendió las alarmas de los países vecinos a Colombia, que consideran la iniciativa como una amenaza a la seguridad regional.
Los gobiernos de Venezuela y Ecuador, conocidos por mantener una fuerte oposición a la hegemonía estadounidense en la región, cuestionaron el acuerdo militar entre Bogotá y Washington por considerarlo un riesgo para la seguridad interna de sus países.
De hecho, el régimen del presidente venezolano Hugo Chávez ya había anunciado que sometería a revisión sus relaciones con Colombia, país con el que comparte una frontera de más de dos mil 200 kilómetros y un intercambio comercial superior a los seis millones de dólares.
Ecuador, por su parte, tiene una línea fronteriza con Colombia de 585 kilómetros y sus relaciones con Bogotá están rotas desde marzo de 2008, cuando tropas colombianas incursionaron en su territorio para atacar un campamento clandestino de la guerrilla.
El ex canciller colombiano Rodrigo Pardo comentó que el acuerdo militar entre su país y Estados Unidos refleja que en el plano hemisférico «el continente anda a la deriva, en busca de un nuevo equilibrio que reemplace al de la Guerra Fría».
«En el corto plazo hay una transición caótica, en la que los organismos tradicionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), el más simbólico, han perdido credibilidad y margen de acción», sostuvo Pardo. El ex diplomático recomendó que los países andinos diseñen una diplomacia «que, a diferencia de los últimos 60 años, no se puede sustentar en consensos ya acabados. Ahora debe servir para tramitar conflictos y diferencias difícilmente evitables en el corto plazo».
El analista colombiano Enrique Santos, por su parte, advirtió en su columna «Contra-escape» que los intereses de los gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia «en nada coinciden con los de Colombia».
«No me cabe duda de que la mayoría de colombianos prefiere cualquier asesoría militar o diplomática del gobierno del presidente estadounidense Barack Obama, a la que pudieran ofrecer Hugo Chávez y sus súbditos regionales», planteó Santos.
Subrayó, sin embargo, que «otra cosa es que al gobierno colombiano le haya faltado estrategia diplomática en el manejo externo del asunto y en su presentación más oportuna y transparente ante la opinión nacional».
Según documentos oficiales de la cancillería y del Ministerio de Defensa colombianos, el acuerdo militar con Estados Unidos es «para fortalecer la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y otros delitos de carácter transnacional».
Con este convenio, Washington busca resolver el desmantelamiento de su base militar en Manta, Ecuador, desde donde tenía un control geoestratégico desde el sur hasta el norte del continente, por toda la franja del Océano Pacífico.
El acuerdo facilitaría el tránsito de militares estadounidenses por las bases colombianas de Malambo (norte), Palanquero (centro) y Apiay (suroriente), así como en la estratégica Bahía Málaga, en el corazón del Pacífico sur colombiano.
El gobierno colombiano ha explicado que este acuerdo es una derivación de los convenios bilaterales que están vigentes, como el conocido Plan Colombia antidrogas, que recibe recursos de 500 millones de dólares en promedio anual.
Para el analista venezolano Adolfo Taylhardat, Chávez difícilmente puede enojarse, cuando él mismo ofreció a Rusia «la posibilidad de que naves de la marina de guerra, incluso aviones, maniobraran en Venezuela».
Por otro lado, sin embargo, la instalación de las bases «renueva las relaciones antagónicas del país del norte con los gobiernos de izquierda, que Obama buscaba superar», asegura Carlos Espinosa, coordinador de Relaciones Internacionales de la Universidad San Francisco de Quito.
El tema ocupa a todos los medios de comunicación colombianos, en los que la mayoría de los analistas y políticos, salvos los legisladores de izquierda, acompañan al gobierno del presidente Uribe, pero llaman al diálogo entre los países vecinos. En todos los casos nadie cree que se llegaría a un enfrentamiento armado entre las naciones vecinas.
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