MONDO CANE
Los cibercriminales (hackers) han encontrado en las redas sociales como Facebook o Twitter su nueva zona de caza, atraídos por la cantidad de informaciones personales brindadas por los usuarios.
Se trata de un maná para los «hackers», esos piratas informáticos con malas intenciones, destacaron en Valencia (este) expertos que participan en la 13ª edición del Campus Party, gran encuentro de internautas organizado hasta el domingo.
Nombre, apellido, fecha de nacimiento, dirección, profesión, e-mail, y hasta a veces el número telefónico son datos muy valiosos que dan los usuarios de redes sociales, cuyo número estalló los últimos meses, y que no dudan en darlos.
Un virus maligno llamado «Koobface» (se lee face y book al revés), detectado en agosto de 2008, «ha afectado a miles de usuarios de Facebook y Twitter», explica a la AFP Asier Martínez, especialista de las amenazas informáticas en Panda Security. «Su propagación ha sido muy importante, se han detectado 4.000 variantes distintas», precisó. Koobface aprovecha informaciones de las páginas personales de los usuarios para enviarles, así como a sus amigos, enlaces que apuntan hacia los «malware», programas malignos (virus) que se propagan seguidamente de ordenador en ordenador. En una de sus variantes, Koobface enviaba al usuario una advertencia que le dice que el programa Flash player está superado y lo invita a telecargar una nueva versión, lo que esconde en realidad al virus.
«También hay que tener mucho cuidado con las personas que te piden estar en tu lista de amigos», subrayó Laura García, 32 años, que participa en el Campus Party y que tiene un blog sobre la seguridad en internet
Detrás de esos usuarios de aparente amabilidad pueden esconderse piratas informáticos.
A Stephen Baker no le importa acostarse sobre una cama de clavos en Coney Island, lo que sí le preocupa es un nuevo plan aprobado ayer por el Consejo municipal que cambiará el futuro del legendario parque de diversiones de Nueva York.
«Van a destruir la magia», dice Baker, de 42 años, descansando entre dos números de un show que incluye además una tragasables y una «mujer elefante».
Todos -incluyendo a Baker y sus colegas- admiten que el parque de Coney Island, en la costa atlántica de Brooklyn, necesita renovarse.
Muchas de las atracciones más famosas del siglo XX, como Astroland, han desaparecido o dejado viejas ruinas oxidadas.
El aroma de los hotdogs, que según la leyenda se inventaron en este lugar, se mezcla con el de la orina y la basura acumulada en la calle. Borrachos tirados en la vereda hacen singular competencia al Tren Fantasma.
Ayer, el Consejo municipal aprobó el plan de recuperación. «El Consejo nos ha permitido insuflar una nueva vida a un tesoro de la ciudad que estaba en decadencia desde hace décadas», dijo el alcalde Michael Bloomberg.
Pero lo que Bloomberg llama «revitalización», muchos defensores de Coney Island la consideran un plan para convertir un tesoro nacional en una operación inmobiliaria especulativa.
«Es un plan para los ricos», dice Baker, un hombre de bigotes que asegura ostentar el récord mundial de velocidad para meterse clavos con un martillo en la nariz.
El declive se inició hace más de medio siglo, cuando una crisis urbana, cambios sociales y la especulación inmobiliaria empezaron a cambiar la realidad del barrio.
Hoy en día la zona es una extraña mezcla de atracciones y atrocidades.
Compartí tu opinión con toda la comunidad