Se lo conoce como un "fanático del equilibrio fiscal"

López Murphy, un economista ortodoxo que no promete resultados mágicos

Buenos Aires, AFP

Este economista de 49 años y padre de tres hijos tiene conocidos antecedentes, ya que fue asesor del Banco Central de Uruguay y consultor del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Cepal, según su currículum oficial.

De familia de filiación radical –el partido del presidente Fernando de la Rúa–, lleva sus dos nombres en homenaje a dos históricos líderes del partido centenario, Ricardo Balbín e Hipólito Irigoyen, y tiene una larga trayectoria militante en la Unión Cívica Radical (UCR).

Estudió economía en la estatal Universidad de La Plata e hizo un master en la Universidad de Chicago. Llegó por primera vez al Ministerio de Economía en 1975, como director de Análisis e Investigación Fiscal, cargo que mantuvo hasta 1983, durante la última dictadura (1976-83).

De orientación liberal y ortodoxa, ocupó el cargo de economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), un «think tank» de economistas liberales financiado por grandes empresas, que reclama más ajuste en los gastos de Estado y bajar los costos empresarios.

López Murphy, quien se postulaba como uno de los posibles ministros de Economía antes de la asunción de Fernando de la Rúa en diciembre de 1999, cometió el error de decir públicamente, en plena campaña electoral, que se debería rebajar 10% los sueldos estatales.

Su estilo directo lo rezagó al Ministerio de Defensa, cargo que ocupó desde la asunción de De la Rúa, el 10 de diciembre de 1999. Finalmente, fue José Luis Machinea quien, desde la cartera de Hacienda, rebajó 12% los sueldos de la administración pública.

Según sus colaboradores, es un «fanático del equilibrio fiscal», por lo que buscará alcanzar ese objetivo entre sus prioridades al asumir como ministro.

Como la convertibilidad (un peso igual un dólar, vigente desde 1991) no estará en discusión, se presume que la reducción del gasto público sería la medicina para llegar a déficit cero, pese a que el grueso del gasto sean sueldos y jubilaciones, así como aliviar la carga impositiva a las empresas como una forma de recrear la confianza.

«Tenemos un programa, un esquema de financiamiento negociado con organismos multilaterales, un presupuesto votado por el Congreso y reglas institucionales para la política monetaria: voy a cumplir con lo que está implícito en ese programa», advirtió este domingo en sus primeras declaraciones a la prensa como ministro de Economía designado.

Según el diario La Nación, en su paso por el Ministerio de Defensa hizo propio el convencimiento de la necesidad de tener capacidad de mando.

El mismo dice que en este «año militar» aprendió el valor de la subordinación, a la que define como un contrato social de respeto entre el de arriba y el de abajo, con iguales responsabilidades para cada lado.

El designado ministro, quien tiene ante sí el desafío de recuperar la economía en un año electoral (renovación parlamentaria) no anda con vueltas y le gusta aclarar que «no es Mandrake, el mago» y que en economía, no existe la magia.

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