MONDO CANE

Un fragmento de suelo lunar que el gobierno de Estados Unidos regaló al Estado español en 1973 y terminó en manos de los descendientes del dictador Francisco Franco está en paradero desconocido, reveló ayer martes el diario El Mundo.

La piedra con que el gobierno estadounidense obsequió al dictador español en julio de 1973 no fue donada a un museo; permaneció en su despacho del Palacio de El Pardo, y, tras la muerte de Franco, en el domicilio de su hija, Carmen Franco Polo.

«Mi madre perdió la piedra lunar que le regalaron a mi abuelo», afirmó al diario el nieto del dictador Franco, Francisco Franco Martínez Bordiú, quien se defendió diciendo que se trataba de «un regalo personal a mi abuelo, no al pueblo español».

Según El Mundo, el secretario de Estado norteamericano durante el gobierno de Nixon, Henry Kissinger, regaló otra piedra lunar al almirante Carrero Blanco, ministro de Franco, que en 2007 fue donada al Museo Naval de Madrid por su hijo.

Luis Carrero Blanco, hijo del almirante asesinado por la organización independentista armada vasca ETA, dijo que esa piedra estuvo en poder de la familia (primero en casa de su viuda y después en la de su primogénito), hasta que en 2007 decidieron donarla el Museo Naval.

Allí se encuentra expuesta, junto con una bandera española preconstitucional que viajó a bordo de la misión Apolo 17 a la Luna, afirmó el diario.

«Mi hijo me señaló que el obsequio estaba dedicado al ‘pueblo español’, así que me pareció correcto donarla», recuerda Luis Carrero Blanco.

Diferente actitud asumió, en cambio, el nieto de Franco, quien en un primer momento desmintió informaciones publicadas la víspera por El Mundo que aseguraban que su padre intentó vender la piedra lunar en Londres.

Pero reconoció que a principios de los 90 un amigo de la familia «hizo averiguaciones» entre casas de subastas internacionales.

La NASA confirmó que Júpiter fue golpeado por un objeto «no identificado» que causó un impacto del tamaño de la Tierra, luego que un astrónomo aficionado señaló la anomalía a la agencia espacial estadounidense, informó la publicación New Scientist en su sitio web.

El impacto generado «en la región polar sur» del planeta más grande del sistema solar es visible en una foto que acompaña el artículo de la revista especializada. Parece una mancha clara sobre la superficie más bien oscura de Júpiter.

«Está excluido que (el impacto) se deba a uno de los fenómenos meteorológicos que observamos habitualmente sobre Júpiter», explicó Glenn Orton, astrónomo de la NASA que confirmó la existencia del impacto tras haberlo observado y analizado con la ayuda de un telescopio infrarrojo situado en Hawaii.

El primero en haber detectado el fenómeno fue un astrónomo aficionado australiano, Anthony Wesley, que se comunicó con Orton tras realizar el sorprendente descubrimiento.

Es la primera vez desde 1994 que se observa un impacto sobre la superficie del planeta, cuya atmósfera está saturada de gas. En julio de 1994, 21 desechos del cometa Shoemaker-Levy 9 se estrellaron sobre Júpiter. Pero esta vez Glenn Orton dijo que no tiene «la menor idea» sobre la naturaleza del objeto que colisionó con Júpiter. Leigh Fletcher, otro astrónomo de la NASA, explicó a New Scientist que «el impacto tiene aproximadamente el mismo tamaño que Oval BA, una de las tormentas que azotan Júpiter. Y esta tormenta tiene el mismo diámetro que la Tierra». El diámetro de Júpiter es 11 veces más grande que el de la Tierra.

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