El terrorismo regresa a Indonesia y deja por lo menos nueve muertos en Yakarta
Las dos explosiones casi simultáneas tuvieron lugar poco antes de las 8 locales (1 GMT) en el hotel Ritz Carlton, uno de los más lujosos de la capital, y en el Marriott, ambos situados en el barrio de negocios de Kuningan, en el centro de la capital, y frecuentados por extranjeros.
Poco antes de las 8, un hombre entró en un bar del Marriott haciéndose pasar por «invitado» y fue entonces cuando activó la bomba que llevaba consigo, matándose en el acto y matando a otras seis personas, entre éstas un empresario neozelandés que participaba en un seminario.
Minutos después, otro hombre, con un gorro en la cabeza y una valija de trabajo, actuó de la misma forma en la sala del restaurante del Ritz Carlton, donde los clientes estaban desayunando. El individuo murió y mató a otra persona.
Unas 40 personas resultaron gravemente heridas, entre éstas 14 extranjeros, según la policía.
El ministerio de Relaciones Exteriores holandés confirmó que tres holandeses resultaron heridos, dos de ellos de gravedad.
Las deflagraciones fueron provocadas por «bombas de fuerte potencia», anunció el ministro de Seguridad indonesio, Widodo Adi Sucipto.
El presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, reelegido en los comicios del 8 de julio según resultados parciales y a quien se atribuía el regreso de la tranquilidad al país, condenó este «acto de terrorismo» y calificó los atentados de «crueles e inhumanos».
Yudhoyono, que cumplirá un nuevo mandato de cinco años, expresó su preocupación por las consecuencias «en la economía, el turismo y la imagen» de su país en el extranjero.
La comunidad internacional expresó su solidaridad con el gobierno de Yakarta.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon condenó «enérgicamente» los atentados de Yakarta. Poco después hicieron los propio los 15 países miembros del Consejo de Seguridad. Según esa instancia de la ONU, «el gobierno indonesio sabrá llevar ante la justicia a los que perpetraron, planificaron, financiaron y apoyaron estos actos».
El presidente estadounidense Barack Obama también condenó estos ataques «enérgicamente» y sostuvo en un comunicado que «el gobierno estadounidense está listo, como debe hacer un amigo, para ayudar al gobierno indonesio en su respuesta tras estos atentados indignantes».
La Unión Europea (UE) también condenó los sucesos y expresó su «solidaridad» con el gobierno y el pueblo indonesios, al igual que los gobiernos de España, Francia, Gran Bretaña e Italia, entre otros.
El secretario general de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), Ekmeleddin Ihsanoglu expresó su «indignación y cólera por esta serie de atentados sin sentido».
Indonesia había logrado en estos últimos años dejar de aparecer como un país de alto riesgo terrorista, tras asestar duros golpes a los movimientos islamistas clandestinos responsabilizados de los atentados de principios de la década.
El peor mató a 202 personas, principalmente turistas, en la localidad costera de Kuta, en Bali, el 12 de octubre de 2002.
Yakarta no había sufrido ataques desde el 9 de septiembre de 2004, cuando un atentado con coche bomba frente a la embajada australiana causó 10 muertos.
Esa serie de atentados había sido atribuida a la Yamaah Islamiyah (YI) («comunidad islámica), sospechosa de haber perpetrado el doble atentado del viernes. La Yamaah Islamiyah es una red clandestina regional fundada en 1993 que quiere imponer un Estado islámico en buena parte del sudeste asiático.
Cientos de activistas y simpatizantes fueron arrestados, pero algunos de sus líderes permanecen prófugos, como el malasio Noordin Mohammad Top, a quien se atribuyen los atentados del Marriott de Yakarta y del de Bali.
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