OPINION INTERNACIONAL

ADIOS A LA BASE DE MANTA

Situada sobre el Pacífico ecuatoriano, Manta es la base aérea militar estadounidense más grande de Sudamérica. Fue cedida por el gobierno de Jamil Mahuad (el mismo que decretó la dolarización de la economía) a las fuerzas armadas de EEUU. Aunque se alegó que estaba destinada a la lucha antidrogas, la base estuvo directamente vinculada a la ejecución del Plan Colombia, que cuenta además con otras bases en ese país, como la de Tres Esquinas, y mediante el cual EEUU interviene directamente en su conflicto interno. Se ha denunciado que en la invasión de territorio ecuatoriano el 1º de marzo de 2008 en Sucumbíos por parte de fuerzas armadas de Colombia que contaban con asesoramiento logístico y de inteligencia de EEUU, participaron aeronaves que despegaron de la base de Manta. Su desalojo y recuperación para la soberanía ecuatoriana fue uno de los pilares de la campaña electoral de Rafael Correa, y ahora se está dando un paso fundamental en esa dirección, que se concretará sin vuelta dentro de un par de meses.

Ésta ha sido siempre una reivindicación esencial de todos los movimientos populares e indígenas del Ecuador. Por ella han venido bregando durante largos años, prácticamente desde que se verificó la entrega a EEUU de lo que fue llamado Forward Operation Location (FOL) o Centro de Operaciones Avanzadas (COA). Precisamente en estos días se ha revivido el relato periodístico de una de las hermosas acciones protagonizadas por organizaciones ecuatorianas ­en el caso, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Ecuador (APDH) y asociaciones ecologistas como Acción Ecológica, SERPAJ y otras- para expresar su repudio a la cesión de la base y el anhelo de su recuperación para la soberanía ecuatoriana.

El relato de Alexis Ponce, uno de los protagonistas, perteneciente a la APDH , recuerda que los días 28 y 29 de julio del año 2000 se realizaba un Encuentro Internacional por los Pueblos convocado por grupos sociales de Manta y de todo el país en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Quito. Un grupo de participantes, previamente concertados, se desprendió de la reunión, prepararon junto con una agrupación de derechos de la tercera edad 500 banderitas tricolores (amarillo, azul y rojo) que trasladaron a Manta, mientras otros grupos se encargaron de llevar banderas grandes de Ecuador y otras con la inscripción: «Llucshi gringos de Manta» (Llucshi: Fuera, en quechua). Se cuenta con mucho humor cómo el grupo conspirativo se reunió en la playa de Manta a plena luz del día sábado 29, degustando arroz con pescado y patacones, y cebiche de camarón o pulpo, mientras algunos contemplaban los afamados bikinis manabitas. Resolvieron llegar a destino por mar, y a esos efectos se dividieron en grupos, alquilaron tres lanchas como para un paseo turístico y entraron en acción. En una lancha iba un equipo periodístico. (agencia AP, diario El Universo y diario Hoy), aunque después informaron muy escuetamente de la acción que se llevó a cabo.

La travesía insumió unos 50 minutos. Desembarcaron en la playa próxima a la base (a esa altura se habían reunido 11 activistas) y se dedicaron a plantar las banderas tricolores en la arena. Después tomaron coraje y llegaron hasta la garita de entrada de la pista aérea, donde no encontraron a ningún soldado de vigilancia. Ingresaron, plantando banderas en todas partes, incluso la que decía: Fuera gringos de Manta. Vieron muy de cerca el P-3 Orión, famoso avión de rastreo electrónico. Recién entonces fueron detectados. Llegó un vehículo militar, y después varios convoyes de los que saltaron soldados con metralletas y rostros pintarrajeados. Los llevaron a las instalaciones de la base, los ficharon, les hicieron un examen médico, después los embarcaron en un autobús hasta el cuartel de policía de Manta, donde fueron trasladados al calabozo de los delincuentes comunes. Desde ahí oían los gritos de la marcha que llegaba para reclamar su libertad, con los que poco después se fundieron en un abrazo.

Esta acción se homologa con la realizada por los puertorriqueños en la isla de Vieques, de donde lograron desalojar la base militar norteamericana. Quienes rememoran el hecho dicen que su objetivo fue «alertar a los señores de la guerra que en este país no ha muerto la dignidad. Y que otra vez volveremos a entrar». Es lo que está sucediendo ahora.

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