El G8 concluye con promesa de U$S 20.000 millones contra el hambre
Esa medida significa un cambio de enfoque respecto a las estrategias anteriores para combatir el hambre, basadas en la ayuda alimentaria directa.
La decisión se adoptó en la última sesión de la cumbre de tres días del G8; en esta sesión participaron otros países industrializados, así como los emergentes del G5 y una decena de países africanos.
La atribución de los 20.000 millones se escalonará en tres años, y sus principales beneficiarios serán pequeños agricultores.
El anuncio inicial era de 15.000 millones, acompañado por un llamamiento a otros países y al sector privado para incrementarlo, que tuvo un efecto inmediato e incrementó la suma en 5.000 millones.
Estados Unidos aportará unos 3.500 millones; Japón y la Unión Europea (UE) prometieron también de 3.000 a 3.500 millones cada uno.
El anuncio se produjo horas antes de que el presidente estadounidense Barack Obama, de padre keniano, y su esposa Michelle, descendiente de esclavos, emprendan su primer viaje a Africa, un continente que será el principal destinatario del paquete del G8.
«Hemos prometido invertir 20.000 millones en seguridad alimentaria, en programas de desarrollo agrícola, para ayudar a combatir el hambre en el mundo. Eso se suma a la ayuda que ya estamos brindando», dijo Obama.
«Pensamos que la ayuda debe focalizarse en crear las condiciones para que ya no haga falta ayudar a personas que consiguieron sustentar sus propias vidas, alimentar a sus familias y elevar sus niveles de vida», agregó.
Un plan que parece lejano, pues según un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicado en junio, la barrera de mil millones de personas que padecen hambre en el mundo será superada por primera vez en 2009, con el ingreso de 100 millones de personas en esa triste estadística en el último año.
La canciller mexicana, Patricia Espinosa, dijo que su país abogará para que naciones latinoamericanas y caribeñas figuren también entre los beneficiarios del paquete del G8. El año pasado, Haití, el país más pobre de la región, fue sacudido por motines populares provocados por el alto precio de los alimentos.
El cantante Bono, un firme promotor de la ayuda para Africa, resaltó la política de Obama, quien desde su llegada a la Casa Blanca en enero está dando fuertes golpes de timón a las políticas de su predecesor George W. Bush, centradas en la «guerra contra el terrorismo».
«De todos los enemigos de la civilización, el hambre es el más estúpido, que se burla de todas nuestras verdades», dijo el cantante del grupo irlandés U2.
Los países receptores de ayuda manifestaron preocupación en los últimos meses por el incumplimento de promesas de ayuda de los países ricos, todos ellos sumidos en una recesión que les obligó a lanzar programas de rescate de billones de dólares para sus propios bancos e industrias y sus millones de nuevos desocupados.
Esos billones evitaron el colapso global, pero el proceso de recuperación será largo, advirtió Obama, al dar parte de las discusiones del G8 (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia).
«Hemos coincidido en que la recuperación total aún está lejos, en que sería prematuro aflojar nuestros planes de estímulo y en que debemos seguir esforzándonos para que esos planes apuntalen los cimientos con vistas a una recuperación fuerte y duradera», afirmó.
La cumbre se llevó a cabo en L’Aquila, devastada por un terremoto en abril que dejó casi 300 muertos y decenas de miles de damnificados, 24.000 de los cuales siguen viviendo en tiendas de campaña.
El viernes, unos 5.000 militantes antiglobalización y habitantes de L’Aquila indignados por el retraso de las obras de reconstrucción marcharon por las calles del casco antiguo de la ciudad.
El jueves, el G8 llevó a cabo una reunión con los emergentes del G5 (China, India, Brasil, México y Sudáfrica), en un formato de discusiones que muchos presidentes propusieron institucionalizar.
Los dos bloques trataron entre otras cosas la lucha contra el cambio climático, acordando el objetivo de limitar el calentamiento global a 2º centígrados respecto a los niveles previos a la era industrial, pero sin conseguir consenso sobre los plazos y los medios para invertir la curva de emisiones de gases de efecto invernadero.
Industrializados y emergentes denunciaron además el proteccionismo, y expresaron su voluntad de concluir en 2010 la Ronda de Doha de liberalización del comercio mundial.
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