OPINION INTERNACIONAL

EL PENDULO DE FOUCAULT

«Como presidente, haré todo lo que esté a mi alcance para avanzar los ideales de una economía libre, desafiando el péndulo ideológico distinto que hay en Latinoamérica», señaló, y los cables agregan que era una alusión directa a los gobiernos de izquierda que son la mayoría de la región. Martinelli, un gran empresario privado (al igual que el vicepresidente Juan Carlos Varela), dijo que utilizaría sus experiencias en el sector privado para la labor gubernamental y que se propone demostrar «cómo nuestro modelo económico y de gobierno puede ser un ejemplo». Está claramente planteado el desafío.

En primer lugar, en su propio país. Bajo el gobierno de Martín Torrijos, que acaba de finalizar, Panamá emprendió la ampliación del Canal interoceánico, tuvo una de las mayores tasas de crecimiento de América Latina (8% anual en promedio), redujo la pobreza de 36,7% a 28,6% y bajó el desempleo a 6%. El hijo del general Omar Torrijos accedió a la presidencia como candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD) derrotando en mayo 2004 a Guillermo Endara, que había sido el primer presidente después de la invasión norteamericana del 20 de diciembre 1989 y juró el cargo en la base yanki de Fort Clayton, sobre el Canal. A éste lo sucedió en 1994 Ernesto Pérez Valladares (un admirador del general Torrijos), durante cuyo mandato la sede del Comando Sur del ejército de los EEUU salió de Panamá. En 1999 llegó al gobierno Mireya Moscoso, viuda del ex presidente Arnulfo Arias. El 14 de diciembre de ese año se transfirió el Canal a Panamá, en virtud de los Tratados Torrijos-Carter suscritos en 1977. En su último día de mandato, antes de trasferir el cargo a Martín Torrijos, Mireya Moscoso amnistió al archicriminal Luis Posada Carriles, preso por el intento de asesinato a Fidel Castro. Como se advierte, Panamá ha sido un ejemplo de desplazamientos pendulares en el ejercicio del gobierno. Pero lo que ahora propone Martinelli es otra cosa. Pretende crear un nuevo modelo para América Latina, que en realidad implica retornar de lleno al fracasado modelo de las políticas neoliberales.

Dichas políticas se aplicaron en forma concentrada en las décadas anteriores, y tuvieron como dramáticas consecuencias el crecimiento de la pobreza y la desigualdad social. Precisamente, los pueblos colocaron en los gobiernos de la mayoría de nuestros países a fuerzas de izquierda y progresistas, que cambiaron esas políticas por su contrario. Y en pocos años, particularmente desde el inicio del nuevo siglo y milenio, se produjeron avances sensibles en esos países en las condiciones de vida y de trabajo de las grandes mayorías, que validan la afirmación de que el continente está viviendo un cambio de época. En ese cuadro, la afirmación del nuevo presidente panameño es una invitación a retornar al pasado. En su país, y en el continente.

Ya hemos reiterado que en varios países gobernados por las fuerzas progresistas y de izquierda, los sectores más regresivos han ingresado de lleno a una conspiración para echar abajo esos gobiernos y destruir todas las conquistas alcanzadas en estos años en beneficio de los sectores populares y de los estratos más carenciados, pero a la vez de las economías nacionales y la salvaguardia de su soberanía. (Algo así como lo que se propone Lacalle contra el Frente Amplio). Con ese fin no han trepidado en apelar, como en Bolivia, al complot secesionista, a los atentados criminales, al intento de asesinato de los líderes, del mismo modo que años atrás lanzaron el golpe de estado en Venezuela, secuestraron al presidente y amartillaron luego el criminal paro petrolero. O como lo hicieron ahora con el golpe militar fascista en Honduras, en torno a la cual monta guardia vigilante América Latina y el mundo entero, en la gran batalla por la reinstalación de la democracia en el país y el retorno del presidente Zelaya a su cargo.

Por cierto que no colocamos a Martinelli en esa bolsa. Llegó al gobierno en forma democrática, y lo que suceda en Panamá dependerá de las fuerzas políticas y sociales del país. Pero en un plano general su desafío incumbe a las fuerzas progresistas del continente, cuyo ciclo no sólo no se ha cerrado sino que procura extenderse y ampliarse, profundizarse y renovarse en esta nueva instancia. En el primer punto de la agenda está la recuperación de la democracia en Honduras. Ahí no podemos fallar.

 

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