ALERTA AMERICA
Por esa razón también se expresa con tanta pujanza el movimiento solidario que abraza a todo el continente sin excepción y se extiende al mundo entero. Y que está llamado a ampliarse y profundizarse aún más y a no cejar hasta lograr el objetivo de restauración democrática. América Latina y el Caribe han vivido muchos golpes de estado en el pasado y anhelan erradicarlos para siempre, como rémoras que no deben repetirse nunca más.
A Zelaya la rancia oligarquía hondureña no le perdona el sesgo popular y progresista que adoptó su gobierno y que afecta los intereses egoístas de aquélla. Llegó a la presidencia ganando en primer término la candidatura del Partido Liberal, venciendo a Roberto Micheletti. Éste también perdió con su contrincante de dicho partido para presentarse a las elecciones del próximo 29 de noviembre, y encontró la manera de llegar a la presidencia del brazo de los militares golpistas. (De paso, aprovechó para nombrar como alcalde de San Pedro Sula a su sobrino, que llegó tercero en la elección respectiva, y destituyó al alcalde electo). Dice una síntesis biográfica de Zelaya: «El tema dominante en el primer año de su gobierno fue la reducción del costo del petróleo. Para ello se acercó a Venezuela, que ha colaborado con proyectos sociales y económicos. Petrocaribe permite la compra de carburantes al crédito con el pago del 50% y la otra parte pagada en 25 años con 1% de interés, con la posibilidad de invertir el capital ahorrado en proyectos de inversión social». De esa manera eliminó el monopolio de la importación de combustibles. Hizo lo mismo con las transnacionales farmacéuticas y el negociado de importación de medicinas, apuntando a la adquisición de medicamentos genéricos. Este rubro estaba en manos de los dueños de los grandes medios de información, que fueron (y siguen siendo) un factor activo del golpe de Estado.
Adoptó a la vez medidas contra la corrupción estructural, la evasión fiscal y el enriquecimiento ilícito, dispuso créditos y rebaja de interés bancario para los pequeños productores agropecuarios (hemos visto a sus representantes pronunciarse al respecto en las manifestaciones), mejoró todos los indicadores económicos, redujo la pobreza, bajó la inflación y colocó a su país en los primeros lugares de crecimiento en Centroamérica, según informes de la Cepal y el BID.
La vuelta de tuerca regresiva que se afanan por imponer los golpistas hondureños tiene varios antecedentes cercanos. Estallan ahora porque esos sectores quieren impedir que el curso progresista se afiance aún más en la conciencia y en la práctica política de nuestros pueblos y se vuelva irreversible. Así, hemos visto la campaña desaforada de la reacción boliviana, concentrada en los sectores secesionistas y xenófobos de los departamentos de la «media luna» y particularmente de Santa Cruz, que intentan dividir el país en aras de defender sus privilegios, y que no han vacilado en recurrir a masacres como la de Pando contra los campesinos, al intento de asesinato del presidente y otros líderes, a la voladura de oleoductos conspirando contra las bases económicas del país, a la siembra del caos. Así lo vemos también en la campaña desestabilizadora en Ecuador contra Rafael Correa, que ha recibido una y otra vez el firme respaldo popular (lo mismo que Evo Morales, al que tendremos pronto el gusto de recibir en nuestro país). Y así fue en el golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002, en su secuestro en La Orchila hasta regresar a Miraflores en hombros del pueblo, y luego en el salvaje paro petrolero que costó miles de millones de dólares a Venezuela. En todos los casos, la solidaridad de pueblos y gobiernos latinoamericanos y de sus instituciones, como la Unasur y el Grupo de Río, fue un factor esencial para derrotar los intentos golpistas.
La lucha continúa, ahora en Honduras. Decía Raúl Castro en la Cumbre del Grupo de Río que el 30 de junio consideró la situación de Honduras: «Las oligarquías y las fuerzas exteriores que las acompañan tienen aún muchos resortes para frenar la historia. El golpe de Estado contra el Presidente Zelaya es una afrenta contra todos los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe y no puede quedar impune.
Sus autores tendrán que asumir la responsabilidad por los crímenes y atropellos que han tenido lugar en esa hermana nación».
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