La caravana zapatista
A la vez, la caravana del EZLN está dotada de un profundo simbolismo, al reivindicar los derechos y la cultura de los pueblos indígenas de América, que se levantan en todas partes. Junto a sus reclamos específicos en cada comarca, los une la común aspiración de alcanzar su plena dignidad comos seres humanos, pisoteada desde hace cinco siglos.
Indígenas de América
Vivimos aún bajo el impacto del Foro Social Mundial culminado hace un mes en Porto Alegre. Allí se expresaron movimientos sociales y políticos de todo tipo y color. Entre ellos, los movimientos indígenas de América Latina, cuya movilización creciente es hoy uno de los rasgos más característicos de nuestro continente.
Por ejemplo: de Ecuador, donde el 40% de la población es indígena, estaba la Confederación de Nacionalidades Indígenas y el Movimiento Pachakutik (que significa Renacimiento, y cuya bandera con los colores del arco iris, el Wipala, simboliza la unión de sus diversos pueblos en el respeto de su diversidad). Estas entidades tuvieron papel preponderante de la defenestración de Mahuad y en las movilizaciones recientes, que determinaron una marcha atrás parcial de los draconianos decretos de Gustavo Noboa. Indígenas bolivianos estuvieron en primera fila en las luchas por el agua en Cochabamba. En Brasil resonó el año pasado el clamor de los indígenas reivindicando sus derechos ante los 500 años de colonización, y cada 12 de octubre se renueva el Grito de los Excluidos, en demostraciones que se unen a la lucha de los campesinos sin tierra, o de los indígenas del Amazonas contra los garimpeiros y la tala de bosques, y en defensa de sus tierras.
Este movimiento ascendente en el continente es lo que el movimiento zapatista refleja en México, que cuenta con 10 millones de indígenas (sobre una población total cercana a los 100 millones de habitantes), de los cuales 4 millones en el estado de Chiapas, cuna de la insurrección zapatista.
Todos los continentes en Chiapas
Estos se levantaron en armas el 1º de enero de 1994. Después se registró un largo período de negociaciones que no llevaron a ninguna parte, por falta de voluntad política del gobierno (Salinas primero, Zedillo después). En 1996 los zapatistas interrumpieron un diálogo inconducente denunciando las medidas represivas, en particular el denso cerco militar a la región insurrecta.
Pero ese mismo año 1996, y yendo a la raíz del problema, los zapatistas organizaron, allí mismo en Chiapas, el Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el neoliberalismo, que fue un antecedente invalorable de las movilizaciones internacionales posteriores, en la medida en que imperó la máxima amplitud y respeto a la diversidad y se llamó a crear un tejido que interconectara los múltiples movimientos contra el neoliberalismo. Por la vastedad de los participantes que llegaron hasta Chiapas se atribuyó al encuentro el calificativo de galáctico. Era el germen, o el antecedente, de lo que emergió de Porto Alegre, que algunos definieron como una Internacional rebelde. Las movilizaciones de los grupos, movimientos y sectores que se autoconvocaron en el sur de México fue lo que dio lugar a episodios que grabaron su sello en la marcha del mundo, llámase Seattle a fines de 1999 (ese fue el verdadero temblor de Seattle, más que el que ahora sacó a Bill Gates de la tribuna), o Ginebra, Praga y Niza el año pasado. Fue también el germen, o el antecedente, de lo que emergió en Porto Alegre, que algunos definieron como una Internacional rebelde.
Un mundo de espejos rotos
Para que nadie pudiera equivocarse sobre el sentido de esta lucha conjunta que recorre la geografía del planeta, el subcomandante Marcos (que participa en la caravana junto a 23 de sus compañeras y compañeros ) decía en le Monde Diplomatique en agosto de 1997 que se había desatado una guerra mundial contra los desechables del planeta neoliberal. Y agregaba: «La supresión de las fronteras comerciales, la explosión de las telecomunicaciones, las autorrutas de la información, la potencia de los mercados financieros, los acuerdos internacionales de libre intercambio, todo eso contribuye a destruir los estados-naciones. Paradojalmente, la mundialización produce un mundo fragmentado, hecho de compartimientos estancos unidos apenas por pasarelas económicas. Un mundo de espejos rotos que reflejan la inútil unidad mundial del puzzle neoliberal. El neoliberalismo no sólo fragmenta el mundo que quisiera unificar, produce igualmente el centro político-económico que dirige esta guerra. Es urgente hablar de megapolítica».
Frente a ello proponía crear los «bolsones de la resistencia», que en estos tres años han alcanzado un formidable despliegue.
La cuna del maíz, Benito Juárez
Los zapatistas recuperaron la ofensiva y colocaron a Fox contra la pared. Ya no podrá andarse por las ramas como sus antecesores y tendrá que responder a tres demandas concretas, si desea realmente reanudar el diálogo de paz: el retiro de todos los campamentos militares de la zona (retiró algunos), la liberación de todos los presos zapatistas (sólo una parte recuperó la libertad) y la aprobación de la ley sobre derechos y cultura indígena, que el EZLN va a reclamar el 12 de marzo ante el propio Congreso.
La marcha, que va recorriendo la geografía de los estados sureños y los que rodean al DF, está impregnada de profundos simbolismo, que resalta cuando visitan la Oaxaca nativa del indio-presidente Benito Juárez, o Tehuacán, la cuna del maíz, o Juchitán, de arraigadas tradiciones de lucha. Los voceros dicen que se trata de recuperar todo lo que les quitaron en 500 años. Más allá que ello, como dijo García Márquez al recibir el noble, el reclamo consiste en «que nos dejen construir nuestro propio destino con objetivos definidos por nosotros mismos, construir una civilización latinoamericana».
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