Toncontin. Pasaron a la represión criminal contra los manifestantes

Los golpistas hondureños, sin máscara ante el mundo

Los golpistas hondureños han quedado definitivamente desenmascarados ante los ojos del mundo. Dejaron muertos y heridos entre el bravo pueblo que reclamaba el retorno del presidente Zelaya, cerraron el aeropuerto y amenazaron con derribar el avión que lo conducía. Impidieron el arribo de cuatro presidentes, que junto a las autoridades de la OEA y de la Asamblea General de la ONU están expresando la gigantesca solidaridad mundial con la democracia hondureña.

El pueblo hondureño está luchando ahincadamente por esta justa causa, enfrentando la cruda represión y concitando la más amplia demostración de solidaridad mundial de que se tenga memoria. Sin ninguna excepción. No hay ningún apoyo a los golpistas. A cada rato llueven nuevas muestras de solidaridad, ya no sólo de toda América sino además de Pakistán, Irán, Malta, Chipre, manifestaciones en París y Bruselas, la lista es inagotable. Desde el Vaticano se condena la actitud de apoyo al golpe del cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, al cual se dirigió expresamente el presidente Zelaya desde el avión. Clarín publica fotos impactantes de la represión en Toncontin. Todas estas expresiones están cercando a los golpistas, dejándolos totalmente aislados y aproximando la hora en que deberán devolver el poder a sus legítimos depositarios.

A lo único que atinan es a acrecentar la represión, como la emprendida contra las decenas de miles de manifestantes que convergieron el domingo sobre el aeropuerto enfrentando las balas, los gases lacrimógenos y los golpes en profusión, o como lo hicieron contra las grandes demostraciones en San Pedro Sula y otras ciudades, a la vez que extienden el toque de queda (el domingo lo anticiparon a las 18 y 30 horas en pleno verano) y multiplican las agresiones, incautaciones y clausuras contra la prensa independiente y contra los medios internacionales y sus periodistas, empeñados en llevar la verdad al mundo.

A los gestores del golpe no les queda ni la sombra de un pretexto, pero pretenden dar una señal para retornar a una época que debiera quedar superada para siempre en América Latina. Esto se vio a las claras en una conferencia de prensa del usurpador Roberto Micheletti y algunos asesores el domingo a las 17 hora uruguaya. Una periodista tuvo la valentía de decirle en la cara que algunos sectores, como los empresarios, que habían apoyado el golpe de estado (con todas las letras) reclamaban que se entablaron negociaciones porque la situación se volvía insostenible; y preguntó por qué un ex canciller que fungía como asesor había designado a Micheletti como presidente electo. El aludido adujo la siguiente explicación: que el Congreso estaba constituido por diputados electos; y como éstos designaron a Micheletti, éste era presidente electo. En medio de su jerigonza, que arrancó en el siglo XIII, le preguntó a la periodista por qué se reía, y luego se levantó abruptamente la conferencia. Ésta es la concepción de la gente que asaltó el poder.

Omitió: 1) que el único procedimiento de acceder a la presidencia de la República establecido en la Constitución es el voto popular, que consagró a Zelaya; 2) que en ningún lugar la Constitución señala entre las potestades del Congreso destituir a un presidente; 3) menos aún, la de designar a otro, y muchísimo menos la de nombrar a su propio presidente, en un turbio contubernio en que no fueron citados a la reunión ni los 13 diputados del Partido Liberal que se oponían a la maniobra ni los del partido Unificado Democrático (UD), que están siendo perseguidos. Esa reunión fue una verdadera parodia. Jamás vi algo semejante. Un secretario leyó a la carrera y en forma incomprensible un mamotreto, lo dio por discutido (nadie discutió nada) y aprobado por unanimidad (nadie contó los votos) todo eso en 10 segundos, declaró luego que Zelaya estaba destituido, proclamó a Micheletti y a otra cosa. (Ya que hablamos de asesores: Micheletti nombró un elenco que incluye a algunos de los más repudiables personajes de anteriores períodos, como Billy Joya, asesino y torturador patentado, creador de los Escuadrones de la Muerte). Los golpistas dijeron que había movimientos de tropas en la frontera con Nicaragua. Daniel Ortega lo desmintió en forma tajante e inmediata. Micheletti respondió que en realidad era una «presión psicológica». Después matizó que quizá se tratara de movimientos locales, sin conocimiento de las autoridades militares. Edificó una mentira sobre otra, y cuando le pidieron precisiones, se batió en retirada.

Antes de consumar el golpe, los opositores a Zelaya dijeron que éste había presentado renuncia. Se exhibió un papel con membrete de la presidencia, con una fecha anterior (25 de junio) y que en lugar de firma tenía un garabato (Igual que con Chávez en abril 2002). Después no se habló más de la presunta renuncia. Se preguntó entonces por qué no se aceptó la renuncia y en cambio se decretó la expulsión por el Congreso. No hubo respuesta.

Los golpistas dijeron que cesaban al presidente porque violó la Constitución. Pero nunca hubo acusación, ni le dieron derecho a defenderse, en violación absoluta de la norma jurídica. En cambio, lo secuestraron con violencia, agredieron a la canciller Patricia Rodas y a tres embajadores, configurando un golpe de estado indisimulable. Se preguntó a Micheletti (en este caso por parte de CNN) por qué, si había acusaciones contra Zelaya, se esperó al 28 de junio para detenerlo y sacarlo del país. Respondió que se esperó a que se iniciara la consulta por la 4ª. urna, y de ese modo se configuró el delito in fraganti. Lástima para su tesis que a las 5 de la mañana, cuando irrumpieron en la casa del presidente, redujeron a la Guardia de Honor e hicieron saltar a balazos las cerraduras, la consulta no había empezado en ningún lado. A propósito de dicha consulta. Su único objetivo era preguntar a la ciudadanía, en forma no vinculante, si estaba de acuerdo con que, en los comicios del próximo 29 de noviembre (en que se elegirá presidente, el Congreso y poderes locales), se opinara sobre la conveniencia o no de convocar en el futuro a la elección de una Asamblea Constituyente. En esta elección, Zelaya no se podrá presentar, y entregará el poder en forma indeclinable el 27 de enero 2010. No hay ninguna posibilidad de reelección. Y la propia elección de una Constituyente depende de un pronunciamiento ulterior de la ciudadanía y de una ley dictada a esos efectos. El pretexto se viene al suelo. En el pasado, desde Honduras partió en 1954 la invasión contra la Guatemala democrática del coronel Jacobo Arbenz, y posteriormente allí se incubaron las acciones de la «contra» nicaragüense contra la revolución sandinista. Los golpistas quieren volver a ese status. Y además, marcar esa impronta regresiva en la nueva América Latina. Volveremos sobre este tema.

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