Berlusconi cuenta con el G8 para mejorar su imagen
El politólogo Marco Tarchi, profesor de la Universidad de Florencia, sostiene: «El Cavaliere espera recuperar su credibilidad perdida, sobre todo a nivel internacional. Es alguien que nos ha acostumbrado a dar sorpresas extraodinarias. Si evita sus metidas de pata y controla sus salidas inadecuadas, podría recuperar puntos».
En los últimos dos meses, las revelaciones sobre sus fiestas y reuniones privadas no han cesado.
Presionado para que explique su relación con Noemi, una muchacha de 18 años, que lo llama «Papi», Berlusconi fue obligado a desmentir que frecuentase menores de edad, como insinuó su esposa antes de pedir el divorcio.
El jefe de gobierno italiano -criticado por la Iglesia católica, que le pidió que lleve una vida más sobria- también está enredado en una investigación judicial por haber pasado la noche en su residencia de Roma con una prostituta de lujo enviada por un empresario acusado de corrupción.
Las fotos de las fiestas en su mansión veraniega de Cerdeña con jóvenes semidesnudas e ilustres invitados -entre ellos el ex primer ministro checo Mirek Topolanek, quien aseguró que se trató de un montaje-, condimentaron los titulares picantes de la prensa internacional. «Desde el punto de vista personal, es el peor escándalo que ha tenido que vivir desde que se lanzó hace 15 años en política, aunque políticamente ha pasado por momentos más duros», sostiene Tarchi, especializado en movimientos de derecha.
«La izquierda y las mujeres son los más indignados con su comportamiento, mientras para la gente común se trata de un episodio más de una telenovela», asegura. La popularidad del jefe de gobierno, de 72 años, perdió en estos meses sólo dos puntos (pasó del 51% al 49%), según una encuesta de Ispo/Gruppo Phonemedia publicada por el diario Il Corriere della Sera. La explicación de todo ello podría estar en otro sondeo de IPSOS, publicado por la versión italiana de Vanity Fair, que indica que el 36% de los italianos creen que Berlusconi es «víctima» de un montaje sobre las jóvenes modelos remuneradas para sus fiestas.
Sólo el 26% cree en las denuncias de la prensa, pese a que se basan en actas judiciales.
Para algunos, las denuncias del diario de izquierda La Repubblica y del semanario L’Espresso han sido contraproducentes y han terminado por crear una corriente de aprecio hacia el presidente del Consejo italiano.
Si bien a nivel nacional la imagen de Berlusconi aguanta, en el exterior, la prensa inglesa y española no le perdonan sus andanzas, y el Cavaliere las acusa de «hacerle daño» a Italia. Consciente de la repercusión negativa en el exterior, el presidente italiano Giorgio Napolitano, ex comunista respetado por la clase política, instó a «una tregua» política durante la cumbre, que se celebrará del 8 al 10 de julio. «Parece que el pedido de Napolitano, que irritó a la izquierda, fue bien recibido.
Berlusconi está tan seguro de que lo aceptan tal como es que no teme el peligro. Cuenta además con la suerte de que nadie se atreve a cuestionarlo en su coalición», explicó Sergio Romano, ex embajador y editorialista del Corriere della Sera. El jefe del gobierno local, Kuupik Kleist, se felicitó por esta jornada simbólica «llena de esperanzas y de posibilidades», en un discurso en el que llamó a sus ciudadanos a «trabajar duro para desarrollar nuestras capacidades, para satisfacer nosotros mismos nuestras necesidades» y asegurar un día «nuestra soberanía».
Según Kleist, este estatuto de autonomía ampliada es, «muy importante para nosotros, para una pequeña sociedad (57.000 habitantes para un territorio de 2,2 millones de km 2, ndlr) reconocida hoy como un pueblo en igualdad de condiciones con las otras naciones».
A Anne-Sofie Moeller Rossing, de 65 años, vestida con el traje tradicional de fiesta groenlandés y visiblemente emocionada, le entran «ganas de llorar» al escuchar las palabras del dirigente de la isla, mientras aprieta entre sus manos la bandera groenlandesa. «Al fin se nos reconoce como pueblo con nuestro propio idioma, nuestra propia cultura, nuestra identidad. Podemos decidir sobre nuestro propio destino sin pedirle cada vez la autorización a Copenhague», dijo.
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