Crisis en Centroamérica. El jefe de Estado depuesto calificó el golpe como un "zarpazo a la democracia"

Honduras pide captura de Zelaya; ONU exige que se le devuelva la presidencia

Zelaya, derrocado el domingo y enviado al exilio de inmediato, será detenido «inmediatamente» si regresa al país, ya que es acusado de varios delitos, entre ellos «traición a la patria» y «usurpación de funciones», dijo este martes el fiscal general Luis Alberto Rubí.

El presidente derrocado había anunciado su intención de regresar a Honduras el jueves, acompañado por el secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza y varios jefes de Estado latinoamericanos, entre ellos la argentina Cristina Fernández.

A la misma hora del anuncio del fiscal general hondureño, desde Nueva York la Asamblea General de las Naciones Unidas reclamaba por aclamación «la inmediata e incondicional restauración del gobierno legítimo», encabezado por Zelaya.

El jefe de Estado depuesto, en su mensaje ante la ONU, calificó al golpe de Estado como un «zarpazo a la democracia» perpetrado por «líneas de élite que se oponen a los cambios».

Zelaya, quien había llegado al poder en elecciones democráticas ungido por un partido de derecha, giró su línea durante su mandato, y finalizó ingresando a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), grupo de naciones con gobiernos de izquierda, entre ellos Venezuela, Cuba y Nicaragua.

El domingo militares que seguían órdenes de la Corte Suprema, tomaron por asalto la casa presidencial, capturaron a Zelaya, y lo sacaron del país de inmediato rumbo a Costa Rica.

Horas después el Congreso leyó una supuesta carta de renuncia de Zelaya ­el presidente derrocado niega haber dimitido­ y en base a la acefalía nombre al frente del gobierno a Roberto Micheletti.

Ningún país ha reconocido hasta el momento a las nuevas autoridades hondureñas. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama dijo que Manuel Zelaya «sigue siendo el presidente de Honduras».

Los países del ALBA, y otras varias naciones latinoamericanas llamaron en consultas a sus embajadores, entre ellos México, Brasil y Chile.

La tensa situación tenía también su correlato en las calles de Tegucigalpa y de otras ciudades, donde miles de personas se manifestaban a favor y en contra del presidente derrocado.

En el Parque Central de la capital, miles de detractores de Zelaya expresaban su apoyo a la nuevas autoridades elegidas por el Congreso Nacional.

Los manifestantes portaban una manta con la leyenda «Ni 1 día más», escrita sobre la silueta de un sombrero como los que suele lucir Zelaya.

En otro lugar, unas 10.000 simpatizantes del gobierno depuesto ­según los organizadores­ se congregaban ante la Corte de Justicia para trasladarse luego frente a la Casa de Gobierno, donde el lunes se registraron choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad, que dejaron varios heridos.

Las principales fuerzas sindicales, que junto a organizaciones sociales constituyen el principal apoyo del depuesto presidente, decretaron un paro general y cortaron varias carreteras, según dirigentes.

«El país está parado ahorita», dijo a la AFP Juan Barahona, dirigente de una de las centrales sindicales.

Sin embargo, amplios sectores de la población, políticos, empresarios y la mayoría de los medios de comunicación dieron su apoyo al derrocamiento de Zelaya.

Las autoridades elegidas para reemplazar a Zelaya insisten en que no hubo un golpe de Estado en el país sino un proceso legal instruido al presidente por desacatar a la justicia, que le prohibió celebrar una consulta popular que daría el paso inicial a una reforma de la Constitución.

«Aquí no hubo golpe de Estado porque los hondureños siguen regidos por la Constitución», dijo Micheletti.

«Respetamos a todo el mundo y sólo pedimos que nos respeten y nos dejen en paz, porque el país se encamina a elecciones generales libres y transparentes en noviembre», agregó el ex presidente del Poder Legislativo.

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