Plebiscito sobre la gestión de la presidenta Fernández
Los candidatos a diputados nacionales para las elecciones del domingo venidero en la Argentina están en el último tramo de las campañas electorales que se han convertido en un virtual plebiscito para el gobierno de Cristina Fernández.
El ex presidente Néstor Kirchner ha sido el responsable de convertir las elecciones de medio turno, donde se renuevan 129 bancas de diputados y 24 del Senado, en un plebiscito sobre la gestión de su esposa, pero ahora corre el riesgo de que una derrota debilite a la actual presidenta, con mandato hasta diciembre de 2011.
El propio Kirchner se anotó como primer candidato a diputado nacional por el peronismo de la provincia de Buenos Aires -principal Estado argentino con 10.335.398 electores-, y detrás suyo encolumnó al gobernador Daniel Scioli y a los principales intendentes (alcaldes) para evitar la fuga de votos.
El rival de Kirchner es el peronista disidente Francisco De Narváez, un empresario de origen colombiano, que a partir de una fortuna incalculable, destinó 10 millones de dólares a renovar su banca de diputado nacional.
De Narváez ha sido vinculado por la justicia argentina con un traficante de efedrina detenido, pues existieron llamadas telefónicas entre ambos, pero impugnó al juez que lo citó a declarar y denunció una presunta «persecución política».
Francisco De Narváez agrupó detrás suyo a todos los peronistas «heridos» por Kirchner desde que asumió la presidencia en 2003, y selló una alianza con Francisco Macri, el referente de la derecha argentina y jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
La ciudad de Buenos Aires, con 2.508.353 de electores, es el segundo distrito electoral del país, y su favorita es Gabriela Michetti, quien renunció como segunda de Macri para encabezar la lista de diputados en un territorio político hegemonizado por la clase media urbana.
Esa clase media de Buenos Aires, siempre volátil, en su versión derechista sigue las huellas de Macri y Michetti, pero su vertiente «progresista» está proyectando al cineasta Fernando «Pino» Solanas a un sorprendente segundo puesto.
Solanas hizo campaña con temas nacionales como la Ley de Minería (un abuso jurídico en favor de las empresas), la política privatizadora de los hidrocarburos y el deficiente servicio ferroviario, herencia de la gestión de Carlos Menem (1989-1999) y que el kirchnerismo no pudo o no quiso corregir.
El senador nacional Carlos Reutemann, ex corredor de fórmula Uno, decidió que estas elecciones serían su plataforma de lanzamiento para las presidenciales de 2011 arrebatándole el poder a Kirchner, y por eso se postuló a la reelección por la provincia de Santa Fe, cuarto distrito electoral del país con alrededor de 2.400.000 votantes.
Sin embargo, el también senador nacional socialista Rubén Gustiniani lo ha desplazado del primer puesto en la recta final y el futuro político de Reutemann es ahora un enigma.
El ex piloto de Fórmula Uno había conseguido el apoyo de decenas de poderosos empresarios que le financiaron la campaña y que percibían en su discurso al futuro candidato a presidente del oficialismo.
Córdoba, tercer distrito electoral con 2.439.557 electores, tiene como principal candidato al senador Luis juez, cuya campaña se basó en la promesa de llegar al Congreso para «tirarle huevos a Cristina» Fernández. Para el empresariado argentino «el peor escenario sería que perdieran Kirchner y Reutemann», admitieron sus voceros, ya que el vicepresidente Julio Cobos, enfrentado con la presidenta Cristina Fernández, es una «carta a futuro» y sin arraigo y estructura actual.
La derrota merodea a la ex candidata presidencial Elisa Carrió, que figura tercera en la lista de Coalición Cívica de la Ciudad de Buenos Aires, que encabeza el economista neoliberal Adolfo Prat Gay, que de pelear el primer puesto contra Michetti, ahora empata en las encuestas con «Pino» Solanas y el banquero de centroizquierda Carlos Heller, candidato del oficialismo en la capital argentina. Carrió corre el riesgo de quedar afuera de la Cámara de Diputados y tampoco se han cumplido hasta ahora sus pronósticos de que Kirchner terminará «como el dictador (rumano) Ceasescu», es decir ahorcado.
Las últimas mediciones indican que el oficialismo ganará en 18 de los 24 distritos electorales y seguirá acumulando el 30 por ciento de los votos, pero una eventual derrota de Kirchner sería un «desastre», por la merma electoral en la que perderá inevitablemente al menos diez o doce bancas de diputados.
Así como Kirchner instaló la idea del «plebiscito», la oposición se ha apurado a hablar de una «transición» en caso de la derrota del oficialismo y propaló -amplificada por los medios de comunicación- versiones alarmistas de supuestas confiscaciones «como en Venezuela», que anidarían en la hoja de ruta del matrimonio Kirchner para el día después de las elecciones.
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