DOÑA TENCHA ALLENDE
Ella participaba activamente en los numerosos actos que se realizaban en la capital mexicana en solidaridad con nuestros pueblos en lucha por la recuperación democrática. Los chilenos contaban con un contingente muy numeroso de exiliados que (al igual que los uruguayos, argentinos y otros) habían hallado refugio en México fraterno, que cumplió como ningún otro país del continente con sus deberes de asilo. Una vez más evoco aquí al embajador Vicente Muñiz Arroyo, que se ganó para siempre nuestro reconocimiento. Entre los exiliados chilenos desarrollaba sus labores doña Tencha. Discreta, trabajadora, sensible, con un particular don de gentes y firmeza de convicciones. Los chilenos se habían agenciado un amplio local en la zona sur del DF, donde se efectuaban sistemáticamente actividades de solidaridad, de cada país y a menudo en forma conjunta. Allí contactamos a muchos amigos trasandinos que desempeñaron actividades importantes en esa etapa y posteriormente en su país, antes y después de la caída de la dictadura pinochetista.
Esposa de Salvador Allende desde 1940, doña Tencha lo acompañó en todas las vicisitudes de su fecunda vida y de su muerte. Sufrió en carne propia, desde la residencia de Tomás Moro, la tragedia del 11 de setiembre de 1973 en el Palacio de la Moneda. La periodista Frida Modak, que fue secretaria de prensa del presidente Allende, nos ha referido estos hechos. Me pasa por la cabeza en este momento la idea de que aún no se ha valorado en forma acabada el aporte de Salvador Allende a la concepción del tránsito al socialismo por una vía no insurreccional, que en términos generales podría denominarse pacífica, tema que encaró a fondo en su primer mensaje ante el Congreso Pleno y que cobra señalada importancia en los debates actuales.
En México, doña Tencha trabó gran amistad con Emma Obleas de Torres, viuda del presidente boliviano Juan José Torres. Era frecuente verlas juntas en actos conjuntos de los exiliados de varios países latinoamericanos empeñados en similares tareas de recuperación democrática. Existía un cierto paralelismo en sus destinos. Ambas eran viudas de presidentes derrocados a raíz de sendos golpes de Estado por su devoción a la causa del pueblo, y luego asesinados. El general Torres (que había sido embajador en Uruguay en 1965) asumió el 7 de octubre de 1970 la presidencia de Bolivia con el apoyo de los mineros y la COB, en andas de un gran movimiento obrero y popular. En su gobierno reanudó relaciones con el Chile de Allende y la Cuba de Fidel Castro. Cayó por el golpe de estado del general Hugo Bánzer, el 21 de agosto de 1971, y el brazo de la dictadura lo alcanzó en Buenos Aires, donde fue asesinado en 1976, después del golpe de Estado del general Videla. El gobierno mexicano accedió a dar sepultura a sus restos. En el cementerio lo despidió Carlos Quijano. Doña Tencha estuvo junto a su amiga y la volvió a acompañar en la ceremonia que precedió a la repatriación de los restos de Juan José Torres en 1983. Allí también dijimos presente todas las colectividades de exiliados latinoamericanos.
Me asalta ahora otro recuerdo, muy vívido y por cierto más grato. Otro privilegio que tuve en la vida. En 1969, en la etapa previa a trascendentales elecciones chilenas, tuvo lugar un Congreso del PC de Chile que se pronunció decididamente por la candidatura de Allende, lo que revistió gran importancia en la definición del tema. Me correspondió integrar la delegación que acompañó a Rodney Arismendi en esa instancia, y luego en una visita a Allende, con Tencha como anfitriona exquisita y unos vinos chilenos fuera de serie.
La presidenta Michelle Bachelet hizo uso de la palabra en las exequias de la viuda de Salvador Allende en la antigua sede del Congreso Nacional en Santiago de Chile, rodeada de numerosas personalidades de la vida política del país, como los ex presidentes Patricio Aylwin y Ricardo Lagos y el secretario general de la OEA (y ex ministro) José Miguel Insulza. Expresó que «el fallecimiento de Hortensia Bussi de Allende enluta a todo Chile. Ella merece un gran reconocimiento. Tencha fue una mujer admirable, notable, inteligente, consecuente, defensora de la democracia, de los derechos humanos, de la paz, la libertad y también del reencuentro entre los chilenos».
Queda su legado, junto al del presidente mártir de América Latina.
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