Europa a la derecha
En nuestro continente se han consolidado las fuerzas de izquierda y progresistas, que gobiernan en la mayor parte de los países. El caso de El Salvador es notable: Mauricio Funes asumió la presidencia conquistada por el FMLN y su primer acto fue reanudar relaciones con Cuba. En la reunión de la OEA en San Pedro Sula quedó de relieve el nuevo rostro de América Latina y su solidaridad entrañable con Cuba. En contraposición, las fuerzas de la derecha en varios países practican una política golpista y secesionista, como sucede en Bolivia, Guatemala, Venezuela, para evitar que el curso progresista se vuelva irreversible. En varios países con gobiernos de izquierda asoman en el horizonte confrontaciones electorales de resultado incierto, pero de ningún modo está dicha la última palabra, y el resultado se dilucidará en una lucha al máximo nivel. Por otra parte, la unidad plasmada entre las fuerzas de izquierda y su arraigo en el pueblo de ningún modo ha llegado a su techo, como ocurre con nuestro Frente Amplio. No es fatal que nos arrastre el retroceso europeo, al contrario. Pero ello acrecienta la responsabilidad de la izquierda latinoamericana en el complejo mundo actual..
Veamos en esta perspectiva el cuadro del viejo mundo. En 24 de los 27 países de la Unión Europea triunfó la derecha. Esto demuestra que no hay respuestas automáticas a la crisis, que llevó al aumento sensible de la desocupación, al recorte de la legislación social conquistada a lo largo de décadas y a una caída del PBI de 2,5% en el primer trimestre. Todo depende de la lucha política e ideológica, de la elevación de la conciencia. La derecha gobernante ganó en Alemania, Francia, Italia, y derrotó desde la oposición a la izquierda en el poder en España (23 diputados para Rajoy y 21 para Zapatero), en Austria y en Portugal con el predominio del derechista Partido Social-Demócrata sobre el PS del primer ministro José Sócrates. Solamente vence la izquierda, para castigar ala derecha en el poder, en Grecia con el PASOK, en Eslovaquia y en Dinamarca. En Italia Berlusconi se impuso a pesar de los escándalos de la «dolce vita» y sus maniobras fraudulentas que están en la justicia, aunque no llegó al 40% anhelado. El Partido Democrático obtuvo apenas 26% de los votos, en un cuadro de fragmentación extrema de las fuerzas de izquierda que se echan las culpas entre ellas, otro factor importante que debe hacer reflexionar. Y que se reproduce también en Francia, al interior del PS y en el conjunto de las fuerzas de izquierda y de extrema izquierda, que se presentaron por separado. A ello hay que agregar la debacle del Partido Laborista de Gordon Brown, en crisis y ubicado detrás de los tories y de los liberales.
El auge de los partidos racistas y xenófobos causa justificada alarma. En Holanda, la extrema derecha se convirtió en segunda fuerza con el Partido de la Libertad. En Rumania, los extremistas de derecha también alcanzaron bancas, así como en Hungría, en varios países del este europeo, en Francia, en Bélgica y por primera vez en el Reino Unido. En República Checa (cuyo primer ministro participaba en las juergas de Berlusconi) la propaganda del Partido Nacional prometía «una solución final para la cuestión gitana».
De Bulgaria a Gran Bretaña, pasando por Eslovaquia, Holanda y Finlandia, la extrema derecha multiplicó las consignas racistas contra los musulmanes y los inmigrantes, buscando la aprobación de los sectores más afectados por la crisis. En Austria entró en acción el conocido FPÖ (Partido de las Libertades) de cuño pronazi. Todos sacaron su tajada.
En Francia, la UMP de Nicolas Sarkozy salió primera con apenas 27% de los votos. Daniel Cohn-Bendit (el de 1968) con el partido Europa-Ecología obtuvo el 15,1%, casi tanto como el PS en franco retroceso, ahora presidido por Martine Aubry (16,9%). El Partido Comunista, agrupado con sus aliados en el Frente de Izquierda, logró 6,47% de votos y pasa de 3 a 5 diputados en el Europarlamento, donde integra la Izquierda Unitaria Europea (GUE) junto con Izquierda Unida de España, AKEL de Chipre (partido de gobierno), Die Linke (La Izquierda) de Alemania, el Bloco de Portugal, sendos partidos de izquierda de Grecia, R. Checa y Dinamarca, así como de Holanda, Suecia y Finlandia, del Sinn Fein de Irlanda y de los partidos de la Refundación Comunista y de los Comunistas de Italia.
En el próximo Parlamento Europeo de 736 miembros, el Partido Popular Europeo (PPE), de derecha, obtiene 267 diputados y los socialistas 159. En el Parlamento saliente, que era más numeroso (785 integrantes), el PPE tenía 288 y el PSE 217, o sea que éste sufrió una sensible pérdida. La derecha, junto a los liberales, conformarán la mayoría. Los socialistas tendrán un poco más del 20%, y los verdes que han crecido- alrededor del 8%.
La abstención alcanzó el 56,6%, un hecho fuera de serie, que superó incluso la de 2004 (54,4%). En la R. Checa alcanzó ahora 75%, en Lituania 79,5%, en Eslovaquia 80,3%. La gran mayoría de los 388 millones de potenciales electores no cree en la institución ni en su capacidad de dar soluciones a la crisis.
En este cuadro de retroceso de la izquierda europea, hay partidos que se cuestionan incluso sobre su propia existencia y su viabilidad en el seno de la sociedad. También de estas experiencias negativas debemos aprender.
Se habló de «poner las bardas en remojo». Esto se traduce en valorar y persistir en la rica experiencia atesorada por las fuerzas de izquierda en el continente y su firme unidad.
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