LA GUSANERIA FURIOSA
El New Herald de Miami dice apesadumbrado que la resolución adoptada por la OEA «supone un innegable triunfo para el régimen cubano». No sólo eso. Teme que esa decisión abra el escenario para una próxima batalla y que «la perspectiva de una Cuba que critica despiadadamente a Estados Unidos en una mesa de negociaciones para volver de pleno derecho a la OEA, puede ser un tiro que le salga por la culata a Washington». En ese caso, agrega, «Estados Unidos cuenta con su baza negociadora más importante: el embargo económico, que también lleva casi medio siglo». No se puede llegar más lejos en una política chantajista.
El mismo día, los representantes Mario y Lincoln Díaz-Balart, ambos republicanos por Miami, expresaron en una declaración conjunta que «la OEA es un bochorno putrefacto». Agregaron que el documento votado era un ejemplo de la «absoluta incompetencia diplomática» del gobierno de Obama y que «esa decisión es una inmerecida y grotesca traición al oprimido pueblo de Cuba».
Leemos también en el New Herald bajo el título: «Congresistas reaccionan airados a decisión de la OEA sobre Cuba»: «Los dos únicos cubanoamericanos del Senado denunciaron la redacción del acuerdo. El senador Bob Menéndez, demócrata de New Jersey, dijo que el mismo era «absurdamente vago» y advirtió que el Congreso discutiría «en qué medida estamos dispuestos a apoyar a la OEA como institución». La OEA, con sede en Washington, recibe alrededor del 60% de sus fondos de Estados Unidos.
No podía faltar la benemérita representante Ileana Ros-Lehtinen. Bajo el epígrafe de «Legisladores federales cubanoamericanos calificaron la decisión de una traición», se insertan estas declaraciones suyas: «El dinero de ningún contribuyente estadounidense debe respaldar esta lamentable organización que en su momento se enorgulleció de su compromiso con la democracia y los derechos humanos». Ella es uno de los siete congresistas, mayormente republicanos, que el miércoles mismo presentaron un proyecto para suspender el aporte financiero de su país a la OEA. Otro de los firmantes, Connie Mack, representante por Florida, consideró «insensato, irresponsable y antidemocrático» que se considere siquiera la posibilidad del reintegro de Cuba al organismo.
Tampoco podía fallar la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) conocida por su labor conspirativa sistemática contra Cuba. En su nombre, Jorge Mas Santos manifestó que «permitir la readmisión de Cuba es traicionar los ideales democráticos sobre los que se fundó la OEA».
El New York Times lamenta en su editorial la resolución adoptada «en un momento particularmente extraño y contraproducente» y pide que se presione intensamente a Cuba desde ya. El comentarista Andrés Oppenheimer reclama desde Miami que el gobierno de Obama monte «una gran ofensiva diplomática» con la misma finalidad de presionar a la isla.
Lo que enfurece a los miembros del poderoso lobby anticubano es que la resolución sobre el reingreso de Cuba se haya votado sin condicionamientos. Eso es lo que le reprochan al gobierno y a sus representantes en la reunión de San Pedro Sula. En uno de los artículos citados, se explica que «frente a la presión de los aliados de Cuba, el Departamento de Estado tuvo que retirar su solicitud de incluir una referencia específica a la Carta Democrática Interamericana de 2001″. Y más adelante: «Washington se ha opuesto desde hace tiempo al reingreso de Cuba a la OEA debido a la Carta de 2001. Pero en lo que crecía el clamor por permitir el regreso de Cuba, independientemente de la Carta, se fue haciendo cada vez más claro que Washington no podría bloquear la readmisión de Cuba». Uno de los voceros del Departamento de Estado que participó en las maratónicas negociaciones en la noche del martes y la madrugada del miércoles, Robert Wood, declaró que su gobierno bregó intensamente para incluir dicho condicionamiento, pero al final debió renunciar. Ello se debió a la unánime posición en contra, tanto en el grupo de negociadores (México, Brasil, Jamaica, Canadá, Venezuela, Nicaragua, Honduras, y también EEUU, Argentina y Belice, total 10 países) como en la plenaria. De lo contrario el organismo se partía o dejaba de existir.
Cuba y América Latina habían ganado la partida.
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