OPINION INTERNACIONAL

CUBA Y LA OEA

Trascendió asimismo que Costa Rica propondrá solicitar al Comité Jurídico Interamericano un pronunciamiento acerca de las eventuales medidas a adoptar para la reincorporación de Cuba al sistema.

La VIII Reunión de Consulta de los cancilleres tuvo lugar en San Rafael, próximo a Punta del Este, donde unos meses antes (agosto de 1961) había participado el Che Guevara en la conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) enfrentando al secretario del Tesoro de los EEUU, Douglas Dillon, y a la recién lanzada Alianza para el Progreso tras la invasión de Playa Girón en abril de ese año. Es sabido que EEUU tropezó con mucha resistencia para imponer su resolución contra Cuba, representada en forma brillante por el presidente Osvaldo Dorticós. Estados Unidos resolvió el impasse y el marasmo en que había caído la conferencia comprando el voto del delegado de la dictadura haitiana de Duvalier. Sólo así pudo completar los 2/3 de los votos requeridos (14 en los 21 integrantes de la OEA en ese entonces). Seis países, además de Cuba, se negaron a secundar la imposición y defendieron la dignidad americana: Argentina, Bolivia, Brasil (Santiago Dantas), Chile, Ecuador y México, consecuente hasta el final y que no rompió las relaciones con Cuba. Otros países tardaron años en hacerlo, como Uruguay, donde la ruptura se decretó recién en 1964, en un acto repudiado en todo el país, en medio de una enorme movilización impulsada por el Comité de Solidaridad con Cuba. La expulsión del país del embajador cubano Aldo Rodríguez Camps (que había sustituido al malogrado Mario García Incháustegui) motivó una gigantesca concentración en el aeropuerto de Carrasco y fue objeto de una brutal represión del gobierno colegiado de mayoría blanca, presidido por Washington Beltrán.

La resolución sacada a forceps decía que la adhesión de Cuba al marxismo-leninismo (proclamada por Fidel Castro en el entorno de Playa Girón) es incompatible con el sistema interamericano, y que el alineamiento de su gobierno con el bloque comunista rompía la unidad y solidaridad continental. La votación de esta moción por parte de una mayoría de los países del continente fue un acto vergonzoso de entreguismo y de genuflexión ante el gobierno de los Estados Unidos, y se agregó a la larga cadena de decisiones de la OEA al servicio del imperio y contra los pueblos de América Latina, desde su fundación el 30 de abril de 1948, en Bogotá.

La primera fue, sin duda, el degüello de la Guatemala democrática de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz por la invasión de Castillo Armas, orquestada y anunciada por el secretario de Estado John Foster Dulles en la X Conferencia Interamericana de Caracas. Luego la OEA cohonestó todas las invasiones de los marines yankis en los países latinoamericanos y caribeños, como la de la República Dominicana en abril 1965, la de la isla de Granada en octubre 1983, la de Panamá en diciembre de 1989, así como los golpes de estado del 31 de marzo 1964 en Brasil y del 11 de setiembre 1973 en Chile. Fidel Castro habla en artículos recientes de «la podrida OEA» y recuerda además los actos ignominiosos de su Comisión de Derechos Humanos, que critica a Cuba y otros países con gobiernos de izquierda y nunca dijo nada de los actos de genocidio de Bush ni de las torturas en Guantánamo.

En la actual situación, una serie de países anhelan revertir la decisión impuesta por EEUU 47 años atrás y mantenida a lo largo de casi medio siglo, al igual que el infame bloqueo contra la isla. En la reciente V Cumbre de las Américas efectuada en Trinidad-Tobago, todos los países, con las únicas excepciones de EEUU y Canadá, reclamaron el cese inmediato de este acto inicuo y contrario a la ley internacional. Es otro valioso antecedente. La propuesta a ser llevada al seno de la OEA es plausible y cuenta con gran apoyo en el continente. A la vez, Cuba ha declarado inequívocamente que no desea retornar a la OEA, destacando la cadena de ignominias que jalonan su actuación. Por otra parte, desde diversos ángulos se ha hecho notar que, en los últimos tiempos, la OEA ya no es la misma. El periodista venezolano Eleazar Díaz Rangel escribe que «la OEA ha cambiado bastante. En sus últimos años la delegación estadounidense ha recibido derrotas inconcebibles».

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