Venezuela. El gobierno dice que lleva adelante la "reforma agraria"

Chávez busca instaurar socialismo en el campo

De los 30 millones de hectáreas cultivables en Venezuela, unos 10 millones se encontraban en manos privadas al asumir Chávez la presidencia en 1999. Desde entonces, su gobierno ha intervenido cerca de 2,5 millones de hectáreas que considera improductivas o ilegalmente apropiadas, apoyado en la ley de Tierras de 2001 y su modificación de 2005.

Este año, las expropiaciones han sido frecuentes y las declaraciones de Chávez, contundentes.

«La tierra no es negocio, es vida», dijo el mandatario recientemente. «No hay tierra privada. Puede haber ocupantes y productores, produciendo la tierra, pero si no la producen bien, pierden el derecho a explotarla», agregó en otra ocasión. A los campesinos, el gobierno les entrega títulos de adjudicación de la tierra sobre las propiedades confiscadas, lo que no les da la propiedad sino el derecho a trabajarla y a recibir ayuda del Estado en créditos, maquinaria y tecnología. Para el gobierno de Chávez, ésta es «la verdadera reforma agraria», en contraposición a la llevada a cabo en los años 60, y su éxito está garantizado justamente por la no entrega de la propiedad de las tierras.

«Señores burgueses: ustedes no van a poder hacer lo que hacían antes. El Estado entregaba papeles de propiedad y, por un lado el campesino recibía el papel y por el otro el ricachón venía a comprarla. Ahora no, ustedes reciben esto y esta tierra bendita se la dejarán a sus hijos», prosiguió el mandatario. Varias de las tomas realizadas este año han sido dirigidas por el propio Chávez y transmitidas por televisión. Fincas emblemáticas, como la Santa Teresa, donde se produce el apreciado ron del mismo nombre, o El Cedral y Hato Piñero, dos reservorios de fauna venezolana que ofrecían servicios de ecoturismo, están en la lista de propiedades intervenidas.

Para el economista José Guerra, esta visión corresponde a «lo que se conocía en el siglo XX como experiencia socialista en el campo y esa concepción destruye los incentivos para producir».

«Sin derecho de propiedad es difícil que haya inversión de largo plazo, que es lo que necesita la agricultura. Para que haya producción se requiere la facilidad crediticia, precios acordes con la estructura de costos, y además la propiedad», señaló.

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