ANALISIS INTERNACIONAL

EL PLAN DE PAZ DE OBAMA

El documento de la Casa Blanca que tuvo el aporte del rey Abdalá II de Jordania y de miembros del Cuarteto ­Rusia, ONU y la UE­, prevé la creación de un Estado palestino soberano con un fuerte control policial, pero desmilitarizado, con su capital en Jerusalén oriental. El sector antiguo de Jerusalén ­una superficie de sólo 100 hectáreas­ donde se encuentran los lugares santos de judíos, musulmanes y cristianos, quedaría bajo control de la ONU. El estatus de Jerusalén es uno de los puntos de discordia en las estancadas negociaciones. La población actual de Jerusalén es de 760.800 personas, unos 492.400 judíos (65%) y 268.400 árabes (35%), casi todos palestinos de Jerusalén Este.

La iniciativa de paz de Obama sostendría también que los límites entre Israel y el futuro Estado palestino, se basarían en acuerdos de intercambios de tierras entre ambas naciones.

En cuanto al retorno de los palestinos de la diáspora, según la propuesta estadounidense, la solución se daría mediante indemnizaciones a los refugiados palestinos que adquieran la ciudadanía de los países árabes donde están exiliados hasta hoy, o en su defecto, sólo podrían regresar al territorio del futuro estado palestino, en Cisjordania y Gaza.

Este proceso apuesta al establecimiento de relaciones diplomáticas entre los 57 países árabes y musulmanes con Israel. Entre los Estados árabes, sólo Egipto, Jordania y Mauritania tienen relaciones diplomáticas con Israel. La mayoría de los países musulmanes, un tercio de los representados en la ONU, no tienen lazos políticos con el Estado judío.

El presidente estadounidense, que cuenta con el visto bueno del monarca jordano, no hará oficial el plan antes de discutirlo con su colega egipcio Hosni Mubarak y con el presidente palestino Mahmud Abas, lo que sucederá en pocos días.

Esta iniciativa, sin grandes novedades, para ser aprobada deberá contar con flexibilidad y concesiones de todas las partes implicadas en los conflictos. No puede haber paz sin un Estado palestino, pero tampoco un Estado palestino es garantía de la paz, por lo que la negociación podría se intensa y larga. La propuesta llega en un momento complejo, particularmente para los palestinos sumidos en una lucha intestina.

El nuevo gobierno palestino que prestó juramento en Cisjordania y que ha sido rechazado enérgicamente por el movimiento islamista Hamas, que controla la franja de Gaza desde 2007, tras un golpe de Estado, parece consolidar, de hecho, el enfrentamiento y la división entre los dos territorios.

El gabinete dirigido por Salam Fayad, que permanece en el cargo tras haber presentado su dimisión a principios de marzo, juró ante el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, jefe del partido Fatah al que Hamas desalojó de Gaza por la fuerza en junio de 2007.

En principio cuenta con 21 ministros, incluido el tecnócrata Fayad, y otros dos ministros originarios de Gaza que no han podido desplazarse a Cisjordania para prestar juramento, porque Hamas no se los impidió. Menos de la mitad de los ministros, son del histórico Fatah. Aunque Fayad asegura que su nuevo equipo dejará el gobierno a un gabinete de unidad en caso de un acuerdo de reconciliación entre Fatah y Hamas, la sola formación de un nuevo ejecutivo es un reconocimiento del fracaso del diálogo entre las facciones palestinas.

Hamas, que dispone de su propio gobierno en Gaza, anunció, al conocer el nuevo gabinete con sede en Ramala, Cisjordania, que no lo reconocería y acusó a Abas de sabotear deliberadamente el diálogo interpalestino, que tuvo éxito en un capítulo en el Cairo. El grupo islamista, mayoritario en el Parlamento palestino, argumentó también que cualquier gobierno que no cuente con la aprobación legislativa carece de legitimidad.

Abas y Fayad presionados por Occidente ­principal donante de fondos de la Autoridad Palestina y que considera a Hamas como un grupo terrorista y reclama que reconozca a Israel­, quieren que los islamistas cumplan los acuerdos israelo-palestinos y renuncien a la violencia antes de participar en un gobierno de unidad. Paralelamente, los islamistas acusan al economista independiente Fayad de ser el candidato de los estadounidenses.

Si la oposición de Hamas era previsible, el enfrentamiento de una parte del Fatah, cuyos principales dirigentes no integran el ejecutivo y ninguno de sus diputados obtuvo una cartera ministerial, es quizás más preocupante para Abas, cuya popularidad va en caída entre los palestinos, en medio de acusaciones de corrupción, poco antes del primer encuentro con el presidente Obama.

La propuesta de Obama llega a una zona de conflicto con dos facciones palestinas separadas geográficamente, con dos gobiernos diferentes y enfrentados entre sí. Por eso, más allá de que el 57% de los israelíes estima que el primer ministro Benjamin Netanyahu ­que no se ha pronunciado oficialmente­ debe apoyar el principio de dos Estados para dos pueblos, es decir un Estado palestino junto al de Israel, según un sondeo publicado por el diario Haaretz, para que una iniciativa de paz tenga éxito, deben pactar antes Fatah y Hamas.

Todas las partes implicadas en el conflicto necesitan una única respuesta palestina a la iniciativa del presidente Obama, no dos, y menos diametralmente opuestas, para lograr un acuerdo negociado en Medio Oriente. La paz es la única solución, porque la alternativa es aterradora: más guerra, muerte y destrucción para todos.

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