OPINION INTERNACIONAL

EL MAOISMO AL DESNUDO

Todas estas hubieran sido cosas naturales para el líder de una revolución maoísta. Pero Pushpa Kamal Dahal, cuyo nombre de guerra es «Pachandra», las dijo ante sus tropas el año pasado después de haber firmado un acuerdo de paz y antes de ser elegido primer ministro.

El video fue difundido por las emisoras de televisión de Nepal después de que Prachanda renunciara el 4 de mayo tras haber tratado infructuosamente de remover de su puesto al jefe del ejército. Tras ver al líder maoísta alardeando de cómo los había engañado, se ha hecho ahora difícil para los demás partidos confiar en sus intenciones e incluirlo en una nueva coalición de gobierno. La victoria de los maoístas en las elecciones del año pasado representaron un triunfo para la democracia y Nepal fue saludado como un modelo para la exitosa transformación de un conflicto, en el curso del cual, un grupo que había llevado a cabo una revolución violenta se había convertido en gobierno a través del voto y no de las balas. En la grabación, Prachanda dice que todo fue una elaborada estratagema para completar la revolución y echar mano al poder total: «Después que controlemos al ejército podremos hacer todo lo que queramos». Y eso es exactamente lo que Prachanda intentó al despedir al jefe del ejército, general Rookmangud Katawal, que ha sido un firme adversario de la incorporación de los guerrilleros maoístas al ejército. Era obvio que la intención de los maoístas era tomar sigilosamente el mando de un ejército al que no habían podido derrotar militarmente durante los 10 años de insurgencia en Nepal. Pero el presidente Rambaran Yadav confirmó a Katawal en su cargo y Prachanda se vio obligado a renunciar.

Este episodio ha ampliado la brecha entre los maoístas y los demás partidos políticos, lo que hace difícil formar un nuevo gobierno. Hasta ahora no se ha logrado

forjar una coalición mayoritaria y, al parecer, pasará un tiempo antes de que Nepal tenga un nuevo gobierno.

El país no puede permitirse esta acefalía. El proceso para elaborar una nueva constitución para abril próximo está ya demorado. Varios millares de guerrilleros maoístas, que se hallan en campamentos supervisados por la ONU, deben ser integrados o desmovilizados para julio venidero, cuando finalizará el mandato de la ONU. El Parlamento está paralizado.

La obsesión con los temas políticos del gobierno liderado por los maoístas, en los últimos nueve meses, ha conducido a un deterioro de la ley y del orden. Entretanto, los maoístas han movilizado a sus cuadros para lanzar protestas callejeras contra el presidente y aterrorizar a los seguidores de otros partidos. Después de haber llegado al poder a través de elecciones, no había necesidad para los maoístas de recurrir al uso de la fuerza y a la intimidación. En lugar de tratar de gobernar, se han dedicado a socavar sistemáticamente a la burocracia, al sistema judicial, al ejército y a los medios de comunicación.

Los medios de comunicación de Nepal y los partidos democráticos tienen una gran experiencia en luchar contra la monarquía absoluta y las dictaduras. El problema se presenta ahora cuando un dirigente elegido democráticamente procede a desmantelar a las mismas instituciones que lo ayudaron a obtener el poder. El nuevo desafío de Nepal es el de combatir a demagogos elegidos democráticamente.

Director del semanario Nepali Times en Katmandú. COPYRIGHT IPS.

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