Benedicto XVI. "Soy amigo de los israelíes y de los palestinos", afirmó

El Papa finalizó complejo periplo por Tierra Santa

En el último día de su peregrinación a Tierra Santa, el Papa Benedicto XVI intentó, al parecer, aclarar todas las dudas pendientes, quitar sentido a varias de las críticas de las que fuera objeto y poner sobre la mesa sus convicciones más claras.

En el discurso de despedida en el aeropuerto internacional Ben Gurion aledaño a Tel Aviv, habló de judíos y cristianos como «ramas de una misma raíz», reiteró su compromiso para con la continuación del diálogo entre ambas religiones y se refirió a su visita al Museo Recordatorio del Holocausto Yad Vashem como «uno de los momentos más solemnes de mi estadía en Israel».

Recordó su visita «al campo de la muerte en Auschwitz, donde tantos judíos ­madres, esposos, esposas, hermanos, hermanas, amigos­ fueron brutalmente exterminados bajo un régimen sin Dios que propagó una ideología de antisemitismo y odio» y recalcó que «ese terrible capítulo en la historia nunca debe ser olvidado o negado».

Dirigiéndose al presidente de Israel Shimon Peres que le despidió en el aeropuerto, el Papa fue categórico en la expresión de sus posturas políticas. Todo indica que fue sincero y derecho al manifestarlas, en lo que probablemente se recuerde como el discurso más completo y concreto de su visita.

«He venido a visitar este país como amigo de los israelíes, así como soy amigo del pueblo palestino», señaló. «Debe ser reconocido universalmente que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad en fronteras internacionalmente aceptadas. Del mismo modo debe reconocerse que el pueblo palestino tiene derecho a una patria soberana independiente, para vivir con dignidad y viajar libremente. La solución de dos estados debe convertirse en realidad y no permanecer como un sueño» ­dijo abiertamente ante sus anfitriones israelíes­ también en presencia del Premier Benjamin Netayahu, que todavía no se ha comprometido a negociar en base a la fórmula de «dos estados».

El Papa tocó con sus palabras un tema que hace ya mucho no es tabú en la sociedad israelí, pero que la sigue dividiendo. Según una encuesta publicada ayer por el matutino israelí Hararetz, el 57% de los israelíes consideran que cuando su Premier Netanyahu se entreviste la semana próxima en Washington con el presidente Barack Obama, debe anunciar que acepta la fórmula «dos estados para dos pueblos», o sea la creación de un estado palestino junto al ya existente Estado de Israel.

Simbólicamente, fue precisamente en su último día en Jerusalén, que visitó el Santo Sepulcro, el santuario más sagrado para los cristianos.

Con gran solemnidad, precedido por los guardias conocidos como «Qawas», que golpeando un palo sobre el piso anunciaban su llegada, entró al Santo Sepulcro, se arrodilló y oró junto a la Piedra de la Unción ­sobre la que se cree que fue colocado el cuerpo de Jesús al ser bajado de la cruz­ y entró luego, agachando inevitablemente la cabeza, al sitio considerado la Tumba de Cristo.

Al finalizar una semana en la que se descalzó para entrar a una mezquita musulmana y en la que colocó un papel en las piedras del santuario judío Muro de los Lamentos, el Papa se despidió de Tierra Santa en el sitio en el que se cree que Jesús murió, fue sepultado y resucitó.

La prensa israelí comparó mucho con el Papa Juan Pablo II, al que los israelíes recuerdan con admiración.

El Rabino Dr. Ron Kronish, director del Consejo Coordinador Interreligioso en Israel, analizó la diferencia, opina sin embargo que la diferencia es «menos en la sustancia y más en la forma de comunicarse».

La visita de Benedicto XVI a Israel, comenzó con discrepancias. Sin embargo, finalizó en un ambiente de conciliación y entendimiento. «Que Dios los acompañe. Shalom», fueron las últimas palabras de su discurso, antes de subir al avión.

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