Luces y sombras en la visita papal a Israel
Se trata de relaciones sumamente especiales, ya que el vínculo diplomático entre el Vaticano e Israel, va de la mano del diálogo judeo-católico.
El ejemplo más contundente al respecto data de 1904. Cuando Biniamin Zeev Hertzel, fundador del movimiento sionista moderno, fue a reunirse con el Papa Pío X a pedir su apoyo a la idea del retorno de los judíos a Tierra Santa, el Papa le respondió que si bien no puede impedir que los judíos vuelvan , no podrá reconocer sus aspiraciones en el lugar «porque no han reconocido a nuestro Señor».
El gran cambio comenzó en 1965, cuando el Concilio Vaticano II promulgó una declaración conocida como Nostra Aetate, que cambió radicalmente las relaciones de la Iglesia con los judíos. Entre otras cosas la declaración señaló que «…los judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones…».
Claro que esto no significaba que el camino estaba allanado a una relación sin tensión alguna: de fondo seguían existiendo los temores de la Iglesia respecto a qué sucedería con las comunidades cristianas en el mundo árabe si el Vaticano se acercaba a Israel, también había reservas respecto al control israelí en todo el territorio, incluyendo los Lugares Sagrados y por sobre todo, el estatuto de Jerusalén.
El Papa Benedicto XVI recalcó reiteradamente que su intención es seguir los pasos de su antecesor Juan Pablo II en todo lo referente al acercamiento a los judíos. Pero al revelarse que de jovencito, en Alemania, había sido miembro de las Juventudes Hitlerianas, una gran mancha ya le obstaculizó parte del camino.
Su marcha por la senda del diálogo judeo-católico fue desde el comienzo una combinación de declaraciones sumamente categóricas en favor del mismo , de forma muy comprometida y por otro, de pasos que lograron arruinar el ambiente, introducir ciertas dudas respecto a la actitud de la Santa Sede bajo su conducción.
Dos de los temas que más fricciones causaron, fueron el de la «Oración de Viernes Santo» y el de la cancelación de la excomunión, entre otros obispos ordenados por Marcel Lefebvre , de Richard Williamson, quien puso en duda que las cámaras de gas hayan existido y dijo que no habían muerto seis millones de judíos en el Holocausto sino «sólo 300.000″.
El tema de la plegaria se refiere a una oración de Viernes Santo que no se utilizaba, previa al Concilio Vaticano II, que el Papa restituyó, aunque llama a los judíos, de hecho, a alejarse de la oscuridad , y ver la luz en Cristo, o sea a convertirse.
El Rabino David Rosen, una de las figuras más activas en el diálogo con la Iglesia Católica, sostiene que a pesar de los problemas señalados, sería faltar a la verdad decir que el Vaticano bajo Benedicto XVI se echa atrás en lo referente a las relaciones con los judíos y en su lucha contra el antisemitismo.
«Benedicto XVI fue el primer jefe de la Iglesia que invitó a dirigentes judíos a asistir a los funerales de un Papa (el de Juan Pablo II) y a la ceremonia de su propia elevación al trono de San Pedro en 2005″- escribió Rosen.
En más de una oportunidad-tanto en el órgano de prensa del Vaticano, L´Osservatore Romano como en un discurso pronunciado en Auschwitz- el Papa habló del antisemitismo y el nazismo como un pecado contra Dios y contra el hombre, señalando que el antisemitismo, en un cristiano, es una traición de su propia fe.
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