Los primeros 100 días. La medida para hacer el primer resumen, inaugurada por Franklin Delano Roosevelt

El popular presidente, Barack Obama, no batió el récord de John F. Kennedy

Su predecesor, el republicano George W. Bush, llegó al 56% de aprobación, mientras que el demócrata Bill Clinton alcanzó el 49%. Desde mediados de los años 50, sólo John F. Kennedy con 83% y Dwight D. Eisenhower con 72%, lograron las más altas cifras de popularidad. Hoy a Obama le gana en popularidad su esposa, Michelle, quien obtuvo un arrollador 84%.

Para Obama, los primeros 100 días se han caracterizado por cambios en las relaciones exteriores con la puesta en práctica del «soft power», del poder inteligente que deja atrás el unilateralismo, y por la puesta en marcha de directas y complejas políticas económicas, que lo llevaron a firmar trece leyes y 19 órdenes ejecutivas, y a realizar decenas de discursos y giras por su país. Ahora, se suma también la necesidad de dar una rápida respuesta a la gripe A H1N1, que se está expandiendo por Norteamérica y todo el mundo.

Más allá de los calurosos y mediáticos recibimientos que obtuvo en las tres giras que realizó al extranjero, y que lo llevaron a Canadá, Europa, Irak y América Latina, la situación económica es el principal campo de batalla de la Casa Blanca. El PIB sufrió una contracción anualizada de 6,1% en los tres primeros meses de 2009, cuando las previsiones hacían esperar una baja menor. Es la primera vez, desde 1975, que el país encadena tres caídas trimestrales consecutivas de la actividad. Los informes muestran una caída récord de los inventarios empresariales, que bajaron en 103.700 millones de dólares, restando 2,79 puntos porcentuales del dato del PIB. Sin tener en cuenta los inventarios, la economía de EEUU hubiera retrocedido 3,4%. Las empresas siguen despidiendo trabajadores y otras deben fusionarse para sobrevivir, mientras el consumo interno no acaba de despegar, aunque la confianza de los ciudadanos mejora lentamente, según los indicadores.

Obama logró la aprobación de un plan de 787.000 millones de dólares para la lucha contra la crisis económica y el estímulo fiscal en un tiempo récord, a menos de un mes de llegar al poder. Pero sus planes ante la emergencia tienen un punto crítico: el déficit fiscal. Tan sólo en 2009 podría alcanzar los 1,7 billones de dólares, una cifra preocupante. Su presupuesto para 2010, es de 3,5 billones de dólares.

La tentación de comparar los primeros 100 días de Obama con los de Roosevelt, Kennedy o con otros presidentes, es casi lógica. Obama afirmó en uno de sus discursos: Somos el partido de Roosevelt. Somos el partido de Kennedy».

Sin embargo, los primeros 100 días no representan una medida oficial en la presidencia estadounidense. Pero, por tradición, se ha convertido en una manera de hacer un resumen, de hacer una pausa para reflexionar sobre las palabras y las acciones del candidato convertido en presidente. La tradición se remonta a Franklin Delano Roosevelt que, luego de asumir el cargo en 1933, impulsó 15 importantes leyes destinadas a ayudar a EEUU a recuperarse de la devastación provocada por la Gran Depresión. Roosevelt, que sentó las bases del famoso «New Deal», fue el único presidente que gobernó durante cuatro períodos, tras romper la tradición establecida por George Washington de no poder ser reelegidos para más de dos mandatos.

Asumió el 4 de marzo de 1933, con la crisis más grave que se había conocido en ese país desde la Guerra Civil. El PIB en 1932 era un 25,6% inferior al de 1929. Roosevelt era consciente de que el país esperaba urgentes respuestas. Ese mismo día, en su discurso de investidura, prometió «un nuevo modo de hacer las cosas para el pueblo norteamericano», cuyas líneas fundamentales verían la luz durante los primeros 100 días. Y así lo llevó adelante. Nombró rápidamente a sus secretarios. Entre ellos a la primera mujer que entraba en el gobierno, Frances Perkins, al frente de Trabajo. Roosevelt llevó adelante una de las iniciativas legislativas más trascendentes de la historia estadounidense: la Ley de Emergencia Bancaria. Le permitía al gobierno cerrar bancos insolventes e intervenir para garantizar la capacidad en el sector. Otras medidas adoptadas incluyeron la salida unilateral de EEUU del patrón oro, la aprobación de la Ley de Asistencia Federal de Emergencia para que el gobierno prestara dinero a los estados en problemas y la creación del primer marco regulador del sistema financiero, así como gran parte de la red de seguridad social moderna de Estados Unidos, entre otras iniciativas.

Pero hubo otros recordados 100 días. El carismático presidente John F. Kennedy puso en marcha, en sus 100 días de gobierno, medidas encaminadas a estrechar lazos con los países del continente, con su Alianza para el Progreso. Pero, en abril de 1961, cuando transcurrían 88 días de la administración demócrata, aprobó el fracasado desembarco de 1.500 exiliados cubanos en Bahía de Cochinos, armados y entrenados por la CIA para derrocar a Fidel Castro, agudizando las tensiones con el bloque socialista. Durante sus primeros 100 días escribió también una carta a su homólogo soviético, Nikita Kruschev, para tratar, diplomáticamente, los desacuerdos de la larga Guerra Fría.

Pero no todos los presidentes disfrutaron de una luna de miel durante los primeros 100 días. El presidente Gerald Ford nunca pudo explicar a la sociedad estadounidense su decisión de perdonar los delitos federales ­a 31 días de haberlo reemplazado­ del presidente Richard Nixon, acusado tras el escándalo del Watergate, y por el que debió dejar la Casa Blanca.

La historia también recuerda al republicano Ronald Reagan que envió al Congreso, apenas asumió, el 20 de enero de 1981, un importante paquete de medidas que buscaban recuperar la economía, que había caído en estanflación, a partir de la reducción de impuestos en distintas áreas, y del gasto público, así como la desregulación y el control de la inflación vía contracción de la emisión monetaria.

Otro ex presidente que la pasó mal fue Bill Clinton, a quien la prensa fustigó por no haber cumplido, luego de 100 días, con la mayoría de las promesas ­particularmente las económicas­ formuladas durante su campaña electoral. La Casa Blanca transmitía una imagen de caos. En abril de 1993, las encuestas le daban a Clinton un 33% de popularidad, el índice más bajo registrado por un presidente desde la Segunda Guerra Mundial.

El presidente Obama mostró en estos 100 días una imagen calculadora e incluso ambigua en algunos temas moralmente polémicos. La crisis económica ha sido el campo de batalla de su pragmatismo, con iniciativas que siguen gozando de apoyo popular, aunque la élite financiera y los republicanos las critican por demasiado radicales, mientras la izquierda neokeynesiana se queja porque son insuficientes. Como Roosevelt, Obama tiene una mayoría demócrata en el Congreso y un mandato popular que favorecen su agenda. Sin embargo, los logros podrían estar por debajo de las extraordinarias expectativas que tiene la gente en él. En sus últimos discursos ya comenzó a moderar las expectativas.

El presidente estadounidense afianzó su liderazgo interior y exterior. Ahora deberá administrarlo para superar el principal escollo, y lo que más le preocupa a la ciudadanía de su país: la crisis económica que comenzó hace nueve meses. Esa será la prueba que deberá pasar si piensa en un eventual segundo mandato demócrata.

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