OPINION INTERNACIONAL

EL SUBMARINO Y OTRAS TORTURAS

Finaliza diciendo que «las torturas también incluían el ‘submarino’, en el cual al detenido se le impide respirar hasta estar cerca de la asfixia», una técnica que muchos uruguayos sufrieron en su propia piel bajo la dictadura.

El presidente del Comité de Inteligencia del Senado, Carl Levin, afirmó el miércoles que las nuevas pruebas señalan una línea directa entre altos funcionarios de la administración Bush (ya veremos quiénes son) y las técnicas abusivas aplicadas en las prisiones como las de Abu Ghraib, Guantánamo y en Afganistan. Aquéllos incurrieron en grave responsabilidad, por lo cual solicitó al fiscal general Eric Holder que establezca una comisión del alto nivel para investigar a dichos funcionarios de la administración Bush.

El informe del Comité de Inteligencia señala que el programa de torturas fue aplicado por militares y agentes de inteligencia desde diciembre de 2001, mucho antes de que ningún miembro de alto nivel de Al Qaeda fuese capturado tras los atentados del 11 de setiembre de ese año y antes también de que fuera autorizado legalmente por los memorandos del Departamento de Justicia, desclasificados la semana pasada. Se revela asimismo cómo se adoptaron estas decisiones, por presión directa de la Casa Blanca.

La oficina del presidente Bush y otros altos funcionarios realizaron reuniones para discutir técnicas de interrogatorio específicas, precisa el informe del Senado. A comienzos de 2002 el entonces director de la CIA, George Tenet, se reunió con asesores presidenciales y el Consejo de Seguridad Nacional, con participación del secretario de Defensa Donald Rumsfeld y del fiscal general John Ashcroft. El día 1º de agosto 2002 el Departamento de Justicia emitió los dos informes legales en los que se aprueba el uso del «submarino». En setiembre, un grupo de interrogadores de Guantánamo viajó a la base militar de Fort Bragg, en Carolina del Norte, donde fueron entrenados en esas técnicas de tortura. El 25 de setiembre 2002 el vicepresidente Dick Cheney (véase cómo van apareciendo los principales responsables) junto con jerarcas del Pentágono y de la CIA viajaron a Guantánamo, y pocos días después se reforzó la ejecución de las nuevas técnicas de interrogatorio. Uno de los expertos en la materia declaró ante los investigadores del Senado que había «una creciente presión para ser más duros en el interrogatorio a los detenidos». En cuanto a los métodos bestiales de tortura aplicados en la prisión de Abu Ghraib en Bagdad, la amplia divulgación filmada y fotografiada (a pesar del Pentágono) nos exime de mayores comentarios.

Los cables dicen que el presidente Obama, revirtiendo la tesitura anterior de la Casa Blanca, abrió una puerta al enjuiciamiento a los autores de la doctrina jurídica que respaldó el uso de las torturas. A su juicio, sería «inapropiado» juzgar a los agentes que torturaron, pero justificó una acción legal sobre los ideólogos que respaldaron estas prácticas por parte de la CIA, estimando que ello debería quedar en manos del Fiscal General. En sus palabras: «En relación con los que adoptaron esas decisiones legales, diría que se trata más de una decisión del Fiscal General dentro del marco de varias leyes». La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) reclamó que la justicia investigue estos temas en su conjunto. Se han citado los conceptos del relator de la ONU contra la tortura, el austríaco Manfred Nowak, según el cual la administración Obama debe cumplir con el derecho internacional público juzgando a los responsables de las torturas en Guantánamo, Abu Ghraib y en las ilegales cárceles secretas.

En contraposición, los senadores republicanos John McCain (anterior candidato presidencial de su partido) y Lindsey Graham y el ahora senador independiente Joseph Lieberman dijeron en carta al presidente Obama, plegándose por entero a la tesis anterior de la Casa Blanca, que no se debe investigar en absoluto; y el jefe de Inteligencia Dennis Blair justificó el «submarino» y técnicas semejantes porque proveyeron información relevante. Lo que deja claramente establecido este episodio, sin la sombra de una duda, es que la tortura por los métodos más infamantes fue la práctica corriente a lo largo de toda la administración Bush.

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