Por el embargo a Cuba. No se elaboró una declaración final unánime

Terminó la Cumbre con ánimos de reconciliación

La Quinta Cumbre de las Américas terminó ayer con el sentimiento de que el presidente estadounidense, Barack Obama, desea instaurar un diálogo franco con sus pares del Sur aunque la exclusión de Cuba, tema prioritario para América Latina, no podrá ser resuelta de la noche a la mañana.

Tras dos días de reuniones en Puerto España, los 34 líderes de las Américas se mostraron convencidos de que los tiempos pasados quedaron atrás y puede escribirse una nueva página en sus relaciones e instaurarse un intercambio franco y directo.

«Mostramos que aunque tengamos nuestras diferencias, podemos y debemos trabajar juntos en cuestiones en las que tengamos intereses comunes. Mostramos que no hay ni grandes ni pequeños socios en América, sólo somos compañeros, comprometidos en avanzar en una agenda común con retos comunes», declaró el presidente estadounidense Barack Obama tras la cumbre.

El mandatario pasó la prueba de fuego de su primer encuentro con los líderes latinoamericanos y caribeños, entre los que hay firmes detractores de las políticas estadounidenses.

«La cumbre, sin ser perfecta, se acercó a la perfección. Reinó la cordialidad y ha terminado con éxito y con un clima nuevo», señaló el mandatario venezolano Hugo Chávez , cuyo afectuoso encuentro con Obama en esta cumbre centró gran parte de la atención.

«El presidente Obama se ganó la voluntad de América Central y del Sur», resumió el mandatario hondureño Manuel Zelaya.

«Nunca habíamos asistido a una cumbre con el nivel de interacción, franqueza y cordialidad que se sintió en Trinidad y Tobago. Creo que están puestas las bases para relanzar una nueva etapa en las relaciones» continentales, corroboró el presidente mexicano Felipe Calderón.

Pese a este ambiente tan positivo, la cumbre de Trinidad y Tobago terminó sin una declaración final unánime de sus participantes, debido sobre todo a la cuestión del embargo a Cuba, que está excluida de estos foros internacionales desde 1962.

Obama llegó a Puerto España garantizando que estaba dispuesto a protagonizar un «nuevo comienzo» con la isla. En este sentido, ayer admitió que medio siglo de políticas estadounidenses sobre Cuba «no han funcionado», pero subrayó que la actitud de Washington ante La Habana no cambiará «de la noche a la mañana».

«Vamos a explorar y ver si podemos avanzar. Hay algunas cosas que el gobierno cubano puede hacer», matizó el presidente estadounidense. «Temas (en Cuba) como los de los prisioneros políticos, libertad de expresión y democracia son importantes y no pueden ser puestos de lado», agregó.

Estas palabras del presidente de Estados Unidos enfriaron las expectativas de un cambio espectacular en las relaciones entre Washington y La Habana, alimentadas por los gestos conciliadores de los últimos días.

Con más o menos radicalismo, los líderes latinoamericanos le hicieron entender que el termómetro de las relaciones entre ellos y Estados Unidos se medirá en gran parte por el progresivo restablecimiento de las relaciones entre Washington y La Habana.

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