La revolución islámica. Un ex ministro de Jomeini advierte que el régimen podría caer tras 30 años de poder absoluto

El modelo iraní se está agotando

Prácticamente todos los años se registran en las grandes ciudades del país disturbios espontáneos y muestras de descontento, sostiene Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto.

Sin embargo, 30 años después de las revueltas que derrocaron al sha y su régimen, los iraníes carecen de una organización que aglutine sus distintas aspiraciones. Nadie sabe si la República Islámica de Irán evolucionará hacia la democracia o si se vendrá abajo en medio de una revolución. Para la gran mayoría de los iraníes que viven dentro del país, ya de por sí desencantados con la revolución y víctimas durante ocho años de la brutal guerra con Irak, la evolución pacífica sería la opción más ventajosa. Y sea como sea, para la generación más joven, ese 70% de la población menor de 30 años, el cambio tendría que llegar tarde o temprano, porque está buscando trabajo, libertad y oportunidades, opina el filósofo iraní.

El presidente ultraconservador Mahmud Ahmadineyad ha conservado importantes activos políticos, de los que sin duda el más relevante ha sido el fervor nacionalista nacido a la sombra del programa nuclear iraní, pese a ser cuestionado y sancionado por Occidente. El régimen maneja alrededor de 7.000 centrífugas en su planta de enriquecimiento de uranio Natanz, cifra que se espera ascienda a 50 mil en los próximos cinco años. Ahmadinejad afirmó que Irán controla ahora el ciclo completo de producción de combustible atómico tras la apertura de una nueva instalación para enriquecer uranio, y su próximo paso será construir plantas nucleares.

El Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), el principal grupo de oposición al régimen islámico, había denunciado la existencia en las inmediaciones de Teherán de un centro de mando y control que prepara la fabricación de cabezas nucleares para su instalación en misiles de alcance medio. El centro clave del proyecto armamentista se encuentra en un polígono militar de Khojir, donde la República Islámica fabrica sus misiles Shahab 3, cuya versión más avanzada tiene un radio de acción de 2.000 kilómetros, capaz de alcanzar Israel y las monarquías árabes del Golfo. Dentro del polígono se encuentra el complejo B1 Nori-8500, donde bajo la dirección de doctor Mehdi Naghian Fesharaki, Teherán sigue con sus planes de fabricar cabezas nucleares, según denunció el CNRI.

Hoy más allá de su encendida retórica, Ahmadineyad, es blanco de las críticas incluso en el interior del país por su excesivo y agresivo tono respecto a Israel, y en particular por su discurso de negación del Holocausto.

Para el ex profesor de la Universidad de Teherán Hossein Seifzadeh, ahora miembro del Instituto de Medio Oriente en Washington, Irán jugaba la carta islámica -es decir, la carta anti-Israel- en Medio Oriente para obtener una imagen más favorable entre las poblaciones de estados árabes sunitas. La retórica anti-israelí de Irán y su apoyo a Hamás y Hezbolá ha sido un exitoso ejercicio diplomático en el mundo árabe, opina Seifzadeh.

En sus primeros cuatro años el mandatario ultraconservador practicó y se valió de cierto populismo político, pero en los últimos meses ha sido muy censurado por su gestión ante el aumento de la inflación y el desempleo, causantes de un creciente descontento popular.

Bahman Ahmadi Amouee, autor de «Iran’s Political Economy After the Revolution» («La economía política de Irán después de la revolución»), cuestionó la manera en que la administración de Ahmadineyad ha gastado unos 238.000 millones de dólares de ganancias petroleras desde 2005. Nadie sabe a dónde fue el dinero, aseguró. «Los niños no pueden desayunar uranio enriquecido: necesitan un desayuno real. Ustedes no pueden invertir el dinero en uranio enriquecido mientras les dicen a los niños que sigan un poco hambrientos y un poco ignorantes», advirtió el presidente israelí, Simon Peres, en un mensaje al pueblo iraní.

Las críticas recibidas por Ahmadineyad no sólo llegan desde el exterior. Han salido de las filas reformistas locales, y también las han expresado políticos conservadores que parecen haber perdido la paciencia. El periódico conservador, Jomhoury Eslamí, cercano al guía supremo Alí Jamenei, consignaba que «la gente quiere mejoras en su calidad de vida; en especial una reducción de la inflación o, por lo menos, un freno a su constante alza. De otra manera, terminará por perder la fe que le queda en el gobierno».

«Yo prometo que dentro de dos años el régimen de Irán caerá», pronosticó el ayatolá doctor Mehdi Haeri Khorshidi quien se encuentra en la actualidad en el exilio y que formó parte del gobierno de Jomeini, durante un reciente seminario internacional, «Una mirada a Irán», que tuvo lugar en la Universidad de Haifa.

«Existe en Irán fuerzas que pueden sacudir e inclusive derrocar al gobierno. Existen ciertos organismos que quieren separar a la religión del Estado. Los habitantes piensan que todo el tiempo que el gobierno islámico dirija al país a través de la fuerza, como consecuencia, se continuará asociando a la religión con todo lo que es malo y ello sirve como un bumerang. Mucha gente piensa de esta manera: religiosos, profesores de universidades, jueces y miembros del Parlamento», expresó el ayatolá Khorshidi, y agregó: que en el momento que el régimen cambie, el nuevo gobierno mantendrá una relación de amistad con Israel.

El ayatolá, se desempeñó el cargo de Ministro de Justicia en el primer gobierno de Jomeini y luego estuvo 5 años en la cárcel por haber criticado al régimen. El doctor Khorshidi sostuvo que el Gobierno tiene miedo de los anhelos y los deseos de los jóvenes, porque no puede hacer frente a sus exigencias. Sostiene que la situación económica de Irán desestabiliza al gobierno actual. La situación es inaguantable en Irán, afirma. Pero, ¿cuánto tiempo podrá continuar esta situación?, se preguntó el ayatolá.

El ayatolá Jomeini elaboró e instauró en Irán la ideología del Velayat-e faqih, según la cual, los musulmanes precisaban de una «custodia» manifestada en el dominio o la supervisión de destacados jurisconsultos islámicos, como el propio Jomeini. Al quedar el poder en manos de los juristas musulmanes, el islam se vería protegido de cualquier innovación y desviación, mediante la adherencia exclusiva a la ley musulmana tradicional, la sharia, con lo que se evitaría la pobreza, la injusticia y el saqueo de las tierras islámicas por parte de extranjeros impíos.

¿Podrá la República Islámica de Irán superar su identidad ideológica, o por el contrario, el mandato divino del Velayat-e-Faqih acabará con cualquier esperanza de una transición democrática en Irán? Esa es la interrogante que se hace el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo.

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