Italia. Compra empresas en dificultades y contrata a desempleados

La crisis, gran negocio para la mafia

«La crisis es ante todo falta de liquidez. Ahora bien, la mafia dispone de grandes cantidades de dinero sucio», explicó Lino Busa, presidente de la asociación italiana Sos Impresa, que ayuda a las víctimas de chantajes y de usura.

El volumen de negocios que maneja la mafia es de 130.000 millones de euros, con unos beneficios anuales de 70.000 millones de euros, según un informe de Confesercenti, que reúne a 270.000 empresarios, comerciantes y artesanos, publicado en noviembre.

El dinero procede sobre todo del tráfico de drogas (59.000 millones de euros), la extorsión (9.000 millones de euros), el tráfico de armas (5.800 millones de euros), el contrabando (1.200 millones) y la prostitución (6 millones de euros).

«Empresas y comercios en dificultades, bienes inmobiliarios vendidos apresuradamente por propietarios asfixiados por la crisis: esas ‘rebajas’ permiten reciclar su dinero negro a menor precio», explicó Busa.

La situación económica permite a la mafia acelerar su penetración en la economía, particularmente en el norte del país, pero también en el extranjero, subrayó.

«En tiempos de crisis, las empresas y los comercios tienen menos escrúpulos a la hora de tratar con inversores o empresarios sospechosos, se hacen menos preguntas sobre la procedencia del dinero que se les ofrece», explicó Busa.

Según su asociación, la mafia está muy implantada en el sector de la construcción inmobiliaria, donde invierte el 37,5% de sus beneficios, y en el comercio minorista y en la restauración, donde acaba el 20% de sus ganancias.

Además, advirtió Silvana Fucito, responsable de la federación de asociaciones contra el chantaje y la usura, los ingresos por extorsión de la mafia «aumentarán al mismo tiempo que la crisis».

Más de un tercio de los usureros están relacionados con la mafia.

«Desde hace unos meses, la cantidad de víctimas de la usura que nos pide ayuda ha aumentado vertiginosamente.

«Las personas en desamparo social a las que los bancos cerraron las puertas no tienen otro remedio que recurrir a los usureros», sostuvo Fucito, que dirige una empresa de pintura para coches cerca de Nápoles, en el sur.

Esta empresaria empezó a combatir a la mafia en 2002, cuando su fábrica fue incendiada porque se negó a pagar el «pizzo», el impuesto mafioso, y ahora teme que la crisis acabe minando «todos los esfuerzos realizados en Italia contra la criminalidad».

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