PAISES EMERGENTES EN EL G-20
Las resoluciones adoptadas, que por ahora están en el papel, son conocidas. Fidel Castro las resume en estos términos: se triplicarán los recursos para el FMI hasta 750 mil millones de dólares, destinándose 500 mil millones para préstamos a los países más afectados por la crisis y 250 mil millones para una nueva asignación de Derechos Especiales de Giro (DEG). Se facilitarán 100 mil millones adicionales para reforzar los bancos multilaterales de desarrollo y otros 250 mil millones para reactivar el comercio mundial. Estos fondos serán aportados por la Unión Europea, Japón, China y otros países, así como mediante la venta de parte de las reservas de oro del Fondo Monetario. Se registró también un acuerdo sobre la necesidad de «actuar urgentemente» para concluir la Ronda de Doha de liberalización del comercio mundial. Este punto, trancado desde hace años, ha sido planteado insistentemente por Brasil y reiterado por el presidente Lula en la propia reunión en lo referente a poner fin al proteccionismo de productos agrícolas en Europa y a los subsidios a la producción y comercialización agrícola en EEUU. Comparó el proteccionismo con una droga. Se resolvió pasarle este tema a los líderes políticos, y ya no a los técnicos. Además, se prometió adoptar limitaciones a las primas y bonos recibidos por los directivos de los bancos fundidos, un fenómeno realmente obsceno y reiterado en EEUU (y no sólo en ese país).
Muchos se manifestaron escépticos en alto grado sobre el reforzamiento del papel del FMI, propulsor de las recetas y de las políticas económicas neoliberales que han quebrado estrepitosamente en la crisis actual, la más profunda de la historia de la humanidad. Por otro lado el coordinador de la reunión, el primer ministro británico Gordon Brown, declaró que «el Consenso de Washington se acabó». ¿Será realmente así? Esa sí que sería una gran noticia. De todos modos, quedó claramente en evidencia la necesidad de introducir profundos cambios en el funcionamiento del FMI y del Banco Mundial, aspecto planteado por los países latinoamericanos en la cumbre y saludado por el presidente boliviano Evo Morales.
Fundamentalmente para que pueda prestarle a los países pobres que más lo necesitan. «Los recursos que se ha decidido colocar como aporte al FMI, al Banco Mundial y también al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al Banco Asiático, al Banco Africano, están destinados a hacer fluir el crédito internacional (que hoy está faltando) y a ayudar a los países más necesitados», decía Lula en una entrevista de prensa colectiva al término de la reunión. Ello requiere una regulación del sistema financiero mundial, para que se vuelque al sector productivo y menos al sector meramente especulativo. Requiere también que los países ricos recuperen sus economías (hoy fuertemente dañadas, con elevados índices de desocupación) para que vuelvan a comprar y vender, y para que fluya nuevamente el crédito internacional. Esto les interesa a todos, al comercio mundial, a los países emergentes, a sus trabajadores y a los de las metrópolis, sin excepción.
No todos los países están en las mismas condiciones al respecto. En el caso de Brasil, no necesita préstamos del FMI. En esa materia se ha liberado. Tiene apenas 1,5% de déficit fiscal, cuenta con inversiones apreciables, entre el Programa de Aceleración al Crecimiento (PAC), el programa de construcción de un millón de viviendas y el plan de ayuda a la agricultura familiar Más Alimentos dispondrá de más de 350 mil millones de dólares de inversiones previstas hasta 2012. Lo que necesita vitalmente, por tanto, es que el flujo de la balanza comercial vuelva a funcionar a pleno. Es más: incluso está en condiciones de prestar. «Me gustaría que el dinero que nosotros y otros países emergentes pudiésemos prestar se dirigiera a los países pobres, sobre todo de América Latina, en proporciones razonables», declaró Lula. Por otra parte, Brasil lo hace ya con países de Africa como Guinea-Bissau y Santo Tomás y Príncipe.
Habrá otra reunión del G-20 antes de fin de año. Se ha propuesto que allí cada país informe qué ha hecho en concreto para enfrentar la crisis. Será la ocasión para apreciar en qué medida lo que se resolvió en Londres se traslada a la realidad.
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