OPINION INTERNACIONAL

GENOCIDA "RESPETABLE"

EGON FRIEDLER

LAS BARBARIDADES PERPETRADAS POR LOS SOLDADOS SUDANESES Y POR SUS ALIADOS LAS MILICIAS TRIBALES CONOCIDAS COMO «JANJAWEED» ESTAN PROBADAS Y DOCUMENTADAS DE MANERA EXHAUSTIVA. LOS CASOS DE MATANZAS INDISCRIMINADAS, VIOLACIONES, EXPULSIONES MASIVAS, EXTERMINIO POR HAMBRE Y UTILIZACION COMO MANO DE OBRA ESCLAVA DE LAS TRIBUS AFRICANAS DE RELIGION MUSULMANA, HAN SIDO PROBADAS UNA Y OTRA VEZ. LAS NACIONES UNIDAS UTILIZAN EN FORMA RUTINARIA LA CIFRA DE 300.000 MUERTOS Y 2.700.000 DESPLAZADOS, PERO ALGUNAS FUENTES INFORMADAS CREEN QUE LA CIFRA DE VICTIMAS MORTALES ES MAYOR Y PODRIA ESTAR MAS CERCA DE LOS 400.000.

Estos terribles datos no constituyeron obstáculo alguno para que en la conferencia de los países árabes y sudamericanos (Aspa), el presidente sudanés Omar el Bashir fuera recibido con todos los honores de un jefe de estado. A su llegada, acudió a darle la bienvenida en el aeropuerto el emir de Qatar, jeque Hamad bin Khalifa al-Thani quien lo abrazó cálidamente y le dio un beso en la mejilla. Por su parte, el Secretario General de la Liga Árabe, Amr Moussa, dijo con toda claridad que los miembros de su organización harían todo lo posible por anular la orden de detención de las Naciones Unidas. Los líderes árabes rechazaron el reclamo de la Corte Internacional de Justicia porque compromete la «soberanía del Sudán» e indicaron que la acusación socava los esfuerzos para alcanzar un arreglo negociado. Una resolución redactada por los ministros de Relaciones Exteriores árabes previamente al encuentro dice textualmente : «Los líderes rechazan los intentos de politizar los principios de la justicia internacional y utilizarlos para socar la soberanía, unidad y estabilidad del Sudán». Obviamente desde su punto de vista la condena del genocidio es un acto político, mientras la defensa de los autores de los crímenes no lo es. Del mismo modo, el tema es presentado como una cuestión de orgullo y de honor. En su defensa del líder sudanés, dijo el presidente de Siria Bashir al-Assad : «Lo que sucede en relación a Sudán es un nuevo capítulo de desdén a los árabes por su debilidad y de falta de respeto por la soberanía de sus países».

En otro exceso retórico, el presidente sirio, cuyo país está en su posición delicada por las acusaciones de un tribunal internacional acerca de su intervención en el asesinato del jefe de estado libanés Rafic Hariri, declaró que los cargos presentados contra Sudán, son «crímenes fabricados, mientras las atrocidades y masacres cometidas en Palestina, el Líbano e Irak no son juzgadas, pese a estar probadas con documentos.»

El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Mun, que adoptó la difícil resolución de asistir a la inauguración de la conferencia criticó duramente al líder sudanés por expulsar de su país a las agencias de ayuda. «Los esfuerzos de ayuda no deben ser politizados» dijo.»La gente necesita ser ayudada más allá de diferencias políticas».

Pero lamentablemente el Secretario General de las Naciones Unidas predicó en el desierto. El gran triunfador de la conferencia fue el presidente de Sudán, que se vio claramente reforzado en su enfrentamiento con las Naciones Unidas. El apoyo a su política así como la muy previsible condena a Israel fueron los únicos puntos de acuerdo entre los líderes árabes. Por lo demás, volvieron a aflorar las profundas diferencias entre los países árabes lo que se expresó con la ausencia de los presidentes o primeros ministros de Egipto, Argelia, Irak, Omán y Marruecos (Este último país, cabe recordarlo, rompió recientemente las relaciones diplomáticas con Irán acusando al país islámico de ingerencia en sus asuntos internos).

Pero a pesar de solidaridad de la conferencia con el líder genocida de Sudán, hubo voces árabes fuera de la conferencia, que expresaron un claro malestar con esta actitud. Por ejemplo, Saad al Ajmi, un ex ministro de información de Kuwait, declaró : «La posición de los líderes es de autodefensa porque no quieren que ningún tribunal internacional investigue nada, porque podrían abrir expedientes acerca de sus crímenes contra la humanidad o contra sus mismos pueblos».

El único mandatario latinoamericano que adoptó una clara posición de apoyo al jefe de gobierno de Sudán fue el presidente Hugo Chávez de Venezuela, quien también protagonizó un incidente con la presidenta de Chile, Michele Bachelet. Contrastó con esa actitud, la postura de Cristina Kirchner,. Con una dignidad que quizás algún día recuerde elogiosamente la historia, se retiró de sala cuando iba a hacer uso de la palabra Omar al Bashir. La presidenta argentina comprendió perfectamente que no se pueden condenar los excesos de los militares durante la dictadura en su país y condonar asesinatos en una escala 10 veces mayor en otra parte del globo, con el agravante de que la mayoría de las víctimas son mujeres, niños y civiles desarmados.

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